Si no fuera por los llamativos maillots y las punteras de color nude, parecerían unas chicas cualquiera sentadas en un banco inmersas en sus respectivos teléfonos móviles. En los descansos entre foto y foto de esta sesión, Inés Bergua (Huesca, 2004), Mireia Martínez (La Pobla de Vallbona, Valencia, 2005), Patricia Pérez (Sueca, Valencia, 2004), Ana Arnau (Madrid, 2005) y Salma Solaun (Vitoria, 2005), integrantes todas ellas de la selección española de gimnasia rítmica, se relajan con total naturalidad, pero cuando toca posar no se despegan ni un ápice de las formas requeridas buscando siempre, eso sí, las miradas cómplices de sus compañeras. Se nota que tienen callo en esa cualidad tan poco al alza hoy en día como es la disciplina, pero también en otra que es tanto o más importante que la anterior: hacer piña. “La gimnasia te aporta muchísimos valores, sobre todo el compañerismo porque vivimos juntas. Nos cuidamos unas a otras, al fin y al cabo somos un equipo, tanto en el deporte como fuera”, explica Arnau. Lo de convivir es literal: todas ellas dejaron atrás sus domicilios familiares para residir en el centro de alto rendimiento Joaquín Blume, situado en Madrid, un cambio que sin duda les ha permitido dar un salto cualitativo en la disciplina que comparten, pero que también ha conllevado un nivel mucho más alto de implicación y de responsabilidad. “El hecho de estar rodeadas de otros deportistas que están en nuestra misma situación y tienen las mismas obligaciones hace que sea todo más fácil. Además, nosotras estamos muy unidas y nos ayudamos en todo”, reconoce sincera Martínez. Algo que también confirma su compañera Inés Bergua. “Sin duda nos ha hecho madurar antes que otras personas o de forma distinta. Pero es el trámite que tenemos que pasar para profesionalizarnos, nuestro trabajo es entrenar todos los días y competir por ello”.

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