Ellas, además del flechazo causado por estos objetos, disfrutan del proceso. Para dar con estos hallazgos de entre los años 40 y 90 del siglo XX, se infiltran en anticuarios, subastas, mercados, antiguos almacenes y, por supuesto, en Wallapop. “Lo que para muchos es un objeto anticuado e inservible para otros es un tesoro”, apunta Marta, que confiesa que se han “dejado las manos” lustrando plata: cada artículo que seleccionan se limpia, restaura y repara en caso de tener pequeños desperfectos. “Muchas cosas no han podido salir a la venta porque somos muy exigentes con lo que ofrecemos”, añaden. Además de este metal, en Santa Cosa se abren paso la porcelana, el mimbre, la loza, o el cristal de Murano. De este último material era la pieza con la que empezó todo: un centro de mesa en verde original de la Italia de los 60 del siglo pasado. En menos de 24 horas lo habían vendido. “Todo lo seleccionamos personalmente porque nos gusta y creemos que va a funcionar, por el momento no hay más estrategia”, resume Blanca mientras organiza las vacaciones del resto del año en torno a una lista de rastros que tienen en el punto de mira. ¿Próxima parada? Toulouse, Francia.

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