
Uno piensa que hace falta el tiempo para que llegue el olvido, y qué va: a veces se olvida lo más reciente. Al olvido no le hace falta que pasen los días porque el olvido es la consecuencia más obvia de esta manera nuestra de vivir en la que todo ocurre deprisa, en la que se suceden los tuits, los reels y las alertas en el móvil a un ritmo imposible de asimilar. Hoy nos indigna lo que mañana olvidaremos, porque todo queda a un golpe de clic.

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