05/07/2026

En los años veinte España se llenó de apaches. Algunos vinieron directamente de las praderas del lejano Oeste, otros se pasaron antes por París (suele ocurrir con los fenómenos culturales: siguen itinerarios imprevisibles y se mezclan, se vuelven mestizos, impuros). En esos tiempos se relacionaba a los apaches con cualquier tipo de violencia extrema, y se hablaba de los “apaches fascistas” o se calificaba de tales a los pistoleros que trabajaban para el hampa barcelonesa. En 1925 se desarticuló en Bilbao una “banda de apaches”. Pero se estrenó también una zarzuela, Los apaches de París, e incluso sonaba un cuplé a ritmo de charlestón que cantaba Celia Gámez y que en algún momento decía: “Si vas a París, papa, / cuidado con los apaches”. En las revistas de moda el asunto era la “silueta apache”: “un gran pañuelo —seguramente rojo— anudado al cuello y el pelo como trasquilado que cae en guedejas sobre la frente y en los lados”.

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