Controlar el mal humor espontáneo
Nadie quiere ser esa persona que conduce de forma agresiva, que se enfada si alguien camina despacio delante de él o que contesta mal a quien menos lo merece. Sin embargo, hay días en los que parece que el mal humor se apodera de nosotros para manejar nuestros actos. Y hay temporadas en las que esa irritabilidad está más presente de lo que nos gustaría en una debacle que nos desgasta y nos lleva a ser injustos con los demás en repetidas ocasiones. Nos preguntamos, ¿por qué me nace esta respuesta agresiva? ¿Y por qué no puedo controlarla? Y es que la mayoría de las veces, una vez ha pasado la ola del enfado, lo que queda es el arrepentimiento, la duda y la confusión, y una necesidad de aprender a controlar el mal humor.
Antes que nada, ¿qué es exactamente el mal humor? Se refiere a un estado más o menos prolongado de irritabilidad, baja tolerancia, molestia, menor paciencia, etc. Y es una actitud que se vuelve contra uno mismo, ya que “nos invade y no nos deja ver cualquier salida positiva; tampoco nos permite aprender porque nos hunde en el abismo de la desolación y desesperanza. Además, tiene una repercusión a nivel físico y emocional innegable”, comparte la psicóloga María Jesús Álava.
Normalmente en el entorno profesional lo identificamos en personas que solemos ver más serias, menos motivadas, que les falta cierta alegría y/o energía o que se irrita con pequeños contratiempos. Tania Grande, psicóloga y socia directora de Ayanet Recursos Humanos, apunta a que no surge siempre de la misma forma y en las mismas circunstancias, ya que por un lado está el denominado ‘brote de mal humor’, que suele aparecer de forma aguda y ligado a un desencadenante como, por ejemplo, la falta de sueño, la alta carga de trabajo o de estrés, un imprevisto, etc. Es temporal, y suele remitir cuando la causa se reduce o se regula.
Sin embargo, cuando hay una predisposición sostenida sin necesidad de un desencadenante claro, lo que surge es el mal humor mantenido en el tiempo o irritabilidad crónica. “En este caso remite a una causa más profunda como un desgaste crónico, falta de recuperación, un sistema de apoyo emocional bajo, conflictos no resueltos, falta de reconocimiento, hábitos de vida que deterioran el estado anímico, estados hormonales o cambios de vida”, explica Tania. En ambos casos el desgaste es grande y en ambos casos la solución pasa por el autoconocimiento y el trabajo personal.
Tomar conciencia para encontrar la solución a nuestro mal humor
Lo mejor es ir por partes, y lo más urgente es preguntarnos por qué nos sentimos malhumorados y/o cuáles son las causas que lo provocan. La lista de factores es larga, como nos detalla Grande. Así, pueden ser biológicos o neuroquímicos: altos niveles de cortisol y adrenalina, déficit de sueño que reduce la función de la corteza prefrontal en la regulación emocional, o factores físicos como el hambre, cambios glucémicos, dolor, enfermedad o fatiga. También puede responder a factores psicológicos o contextuales, entre los que se encuentra la frustración, la sobrecarga, el agotamiento motivado por una exigencia excesiva y a la que no podemos responder, o un entorno laboral poco saludable (falta de autonomía, falta de reconocimiento, alta presión).

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