Barbour: la chaqueta que puso de acuerdo a la Familia Real Británica
¿Qué tienen en común Kate Middleton, Lady Di e Isabel II? Aparte de lo obvio, claro. Pues que, además de tiaras, joyas, coronas y el cariño incondicional del pueblo británico, han compartido su predilección por una tendencia muy british, muy atemporal y muy royal: la de la chaqueta Barbour. Un emblema nacional que la Casa Real Británica ha llevado durante generaciones y que, a ojos del mundo, resulta tan indisoluble del caracter británico como un buen té con pastas, un cottage en la campiña, un par de botas Hunter o el tartán.
Pero, como suele ocurrir en los mayores casos de éxito estilísticos, el fenómeno no siempre fue tal. En 1844 la marca era más bien un apellido, el de John Barbour, que fabricaba prendas impermeables para pescadores y cazadores, y no fue hasta 1974 que el Príncipe Felipe de Edimburgo le otorgó el honor de ser una de las firmas proveedoras de la Casa Real. Un desenlace más que merecido para una casa que ya llevaba décadas vistiendo a los miembros de la realeza en sus paseos por el campo, sus monterías y sus jornadas de equitación en Balmoral. En realidad, fue precisamente allí, en las tierras húmedas y ventosas de Escocia, donde la Barbour se consolidó como parte del uniforme no oficial de la realeza.
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Isabel II la llevó hasta bien entrada la vejez —con pañuelo en la cabeza y faldas de cuadros—; Diana de Gales la transformó en pieza aspiracional durante los ochenta, cuando la combinaba con vaqueros y jerseys de punto; la Princesa Ana la vestía orgullosa en la misma década a conjunto con las de sus hijos, Zara y Peter Phillips; y Kate Middleton la ha reinterpretado en su clave más actual hace tan solo unos días. Cada una a su manera, para ocasiones diferentes y en décadas distintas, pero manteniendo inalterable su esencia.
“Ya sea en un cottage de los Cotswolds o entre la multitud de Glastonbury, esta prenda siempre ha encontrado su hueco y, de hecho, mantiene su carisma tanto en el clasicismo más límpido como en la moda más urbana de la mano de los últimos iconos de estilo”, escribía una editora de Vogue sobre la tendencia. Hoy, las chaquetas Barbour han trascendido de su condición de prendas funcionales para convertirse en iconos culturales y símbolos del lujo silencioso. Y, lo más interesante, nunca han necesitado reinventarse del todo para conseguirlo.
Porque su atractivo reside precisamente en esa resistencia al cambio, en la fidelidad al olor de la cera (porque esta chaqueta, por cierto, se encera) y en su cuello de pana. En la certeza de saber que, si decides invertir en una, resistirá al paso de los inviernos y de las modas. Y es que si algo ha demostrado la Familia Real Británica a lo largo de los siglos es que el estilo, el de verdad, perdura en el tiempo.
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