De izda. a dcha., La Fabi; María Marín; Zaira Prudencio luce chaqueta de EMPORIO ARMANI, falda de MARIO MARQUINA, y broches de ALEX SOBRÓN; Claudia ‘La Debla’; Águeda Saavedra con vestido de VAILLANT, zapatos de GIUSEPPE ZANOTTI, y collares y pendientes, todo de IGNACIO DE PILAR; Lori ‘La Armenia’; Gema Moneo, con vestido de SCHIAPARELLI, zapatos de HAGELSTAM, y pendientes de IGNACIO DE PILAR; Florencia Oz lleva top de CALLON LONDON, falda de RENAISSANCE, y zapatos de AQUAZZURA; y Lela Soto, con top de ZARA, falda de ALAIN PAUL, zapatos de AQUAZZURA, y pendientes y collar, todo de IGNACIO DE PILAR.Fotografía: Pablo Zamora / Estilismo: Helena Contreras
Florencia Oz
Los caminos que conducen al flamenco son inescrutables y también hay espacio para otras conexiones que nada tienen que ver con el arraigo y el linaje. Es el caso de Florencia Oz (Santiago de Chile, 1987), que empezó a bailar casi de manera accidental en su ciudad natal y terminó enganchándose para siempre. “El flamenco trabaja directamente con las emociones y yo creo que eso le toca a cualquier ser humano. No tienes que haber nacido aquí necesariamente para aficionarte”, explica. Tras estudiar danza contemporánea en el Conservatorio de la Universidad de Chile, Oz se trasladó a Sevilla en 2007 para continuar su formación y su carrera. Desde entonces ha fraguado una trayectoria sólida jalonada de hitos: en mayo de 2021 estrenó Antípodas, su primer proyecto en solitario, en el XXV Festival de Jerez, donde fue galardonada con el premio Artista Revelación, por mencionar uno de ellos. La bailaora, que suele colaborar con su hermana, la violonchelista Isidora O’Ryan y que cita entre sus referentes a Andréi Tarkovski, Miles Davis o Björk, arrancará 2026 llevando el espectáculo Parcas. La voz, el ojo, la carne, a la localidad que la vio nacer, tras su paso por Madrid.
Concha Vargas
“Esto lo ha conseguido la Vogue”, dice Concha Vargas (Lebrija, 1956) cuando le preguntamos si es frecuente que coincidan tantas figuras del flamenco a la vez como el día en que tuvo lugar la sesión de fotos que ilustra este reportaje. La bailaora conversa sin parar con sus compañeras, sobre todo con aquellas de su misma generación. Se nota que el flamenco es hogar para todas. En el caso de Vargas esto ha sido así desde su más tierna infancia: su padre, gran aficionado, organizaba fiestas en su casa –“Algunas duraban dos días”, confiesa– a las que acudían nombres como Antonio Mairena, Juan Talega o Agujetas [Manuel de los Santos Pastor]. Sin embargo, Vargas, leyenda viva del baile, ve con buenos ojos la nueva ola que busca imprimir otros aires al flamenco, entre otras cosas, porque lo tiene en casa: “Mi hijo el mayor [Quentin Gas] hace rock flamenco. Y ahora ha hecho la banda sonora de un documental, Pendaripen, narrado por Lolita Flores, que se va a presentar en el festival de Valladolid [Seminci]”, explica. Una vivencia de primera mano que también le da carta blanca para dedicar un consejo a las nuevas generaciones: “Que se olviden un poquito de la técnica y que bailen con mucha flamenquería y gitanería. Y que miren nuestros vídeos un poquito más”.
Rocío Molina
Lo que hipnotiza al público de un espectáculo flamenco es el misterio. En esos inesperados términos lo defiende Rocío Molina (Málaga, 1984), una de las bailaoras más laureadas de las últimas dos décadas tanto dentro como fuera de nuestras fronteras –en 2010 obtuvo el Premio Nacional de Danza en la modalidad de Interpretación y, en 2022, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes–. Distinciones que siempre subrayan su pulsión renovadora, la versatilidad de su práctica, su fuerza y su sed de vanguardia. “El aprendizaje siempre es un foco de desplazamiento e interés para mí. El echar de menos el flamenco anterior se mezcla con las ganas de experimentar el flamenco futuro. Y en este ir y venir se establece una relación melancólica. Un zarandeo que me inquieta, me divierte y me hace sentir viva. Curiosamente, la incomodidad es mi lugar cómodo”, dice la malagueña, que en 2026 estará de gira con su nueva obra, Calentamiento. “Igual que dedico tiempo a elegir los cantes, también hago una investigación sobre la escena para poder incluirla como un instrumento que nos posibilite hablar de esas cosas de las que el flamenco no suele hablar. Todo se resume en darte permiso para subvertir los códigos”, concede.

Más historias
Luna llena en Capricornio: este es el ritual que debes hacer entre el 28 de junio y el 2 de julio para liberarte de lo que te impide triunfar
Los zuecos de jardinero con aspecto de patata que han cautivado a las chicas de Brooklyn y Manhattan
Taylor Swift: El archivo ‘bridal’. Todas las veces que la estrella del pop se ha vestido de novia