09/05/2026

Antonia Zegers, actriz: “Me sorprende que mi edad sea un tema. Tener 50 años es casi un acto de rebeldía política”

Las temáticas que toca la película, que se vio en el Festival de Toronto, en el de Tesalónica o en el de Málaga –esta entrevista se produce con motivo de la visita de la chilena a Madrid para participar en otro, el de Cine por mujeres– con el mismo buen recibimiento, podrían parecer profundamente locales, pero son universales. “Todo lo que se trata tiene que ver con la humillación de ser pobre. Eso es algo que no tiene fronteras y también es la gracia del cine. Veo una película iraní y conecto con ella porque la humanidad es la humanidad”, reflexiona Zegers. “El duelo también está cruzado por la clase. ¿Qué posibilidad tienes tú de detenerte a sentir un duelo si la vida se te viene encima? Creo que de esto sé porque vengo de Latinoamérica, de la humillación de ser inmigrante y considerada ciudadana de segunda clase”.

¿Qué aporta al oficio de Antonia Zegers trabajar sin parar aquí y allí? “Yo soy curiosa. Soy curiosa y siempre había tenido ganas de trabajar fuera. Justo ese año me tocó hacer una en Argentina y otra aquí en España. Se me hizo realidad un deseo muy antiguo. Me podrías decir que por qué trabajar afuera cuando tengo tanto trabajo en Chile, pero es que soy curiosa. Me saca de mi zona de confort, me desafía, me interpela”, comparte. “Me encuentro en España con una creadora del cine de autor que aborda la profesión de una manera que no está alejada de cómo lo hago yo en Chile. Si esto fuera un mainstream, algo más grande, sería todo muy distinto, pero la verdad es que vi una humanidad parecida a la que conozco”.

También viaja su trabajo, no solo ella. Una mujer fantástica, El Club o El Conde, todas parte de su filmografía, consiguieron colarse en los grandes premios internacionales. La última, una sátira sobre la vida y familia de Augusto Pinochet en la que el dictador es un vampiro decidido a morir, se coló en los Oscar de 2024 en la categoría de Mejor fotografía. “Es una insolencia”, admite la actriz entre risas. “Hay algo de atrevimiento y de madurez en hacer una película así. El arte tiene que ver con esa gente que mueve las líneas de hasta dónde se puede conversar y en qué tono. El arte no pide perdón o permiso”, apunta. “No se habla así de un dictador o no se construye una parodia como esta hasta que alguien decide hacerlo. Llega un tipo insolente y lo hace. Estas figuras son vampirescas porque no mueren. Estamos viendo nuevamente a la ultraderecha en auge; a cabros [jóvenes] nazis en Alemania. En Chile hay gente pinochetista defendiendo. Son inmortales y es dinámico. Los juicios están superclaros –en Alemania es ilegal–, pero hay gente que sigue siendo nazi”.

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