Ya no tomo café nada más levantarme y así se han regulado mis niveles de cortisol
Es una escena que hemos romantizado –la retórica del cine así lo ha querido en cierta medida–: levantarse y casi sin haber abierto los ojos, prepararse un café y beberlo entres bostezos. Yo solía hacerlo así por una cuestión práctica: la (supuesta) necesidad de despertarme y la creencia (errónea) de que solo con cafeína casi en vena iba a ponerme en marcha, incluso tras una noche de sueño escaso. Pero tras escuchar a varios expertos aconsejar con fervor retrasar la toma del café para evitar poner el cortisol por las nubes, he decido practicar esta recomendación y sus beneficios son evidentes y casi inmediatos. Tal y como me explica la psiconutricionista Itziar Digón, es mucho mejor retrasar una hora su toma porque “de forma natural cuando te levantas ya estás generando cortisol, es un pico natural. Si en ese momento metes café en tu cuerpo estás aumentando todavía más los niveles de esta hormona y acabas poniéndote nerviosa. En cambio, si no lo haces, tu cortisol subirá lo suficiente como para ponerte en marcha y darte energía. Una hora o dos después ese pico de cortisol natural ya habrá bajado y la cafeína te dará energía sin nervios”.
El pico de cortisol natural funciona como una ‘café interno’
Digamos que no tomar esa taza de café nada más levantarse es lo más parecido a evitar que mirar el móvil sea lo primero que hagas al despertar: dejas que tu cuerpo se desperece y se ponga en marcha de forma orgánica sin dosis de estrés añadido. En realidad, la naturaleza es sabia, y por mucho que demonicemos el cortisol, lo necesitamos para sobrevivir. Como explica Isabel Viña Bas en su libro Pon tus hormonas a funcionar (Ed. Grijalbo), es una hormona tan necesaria que sin ella “una persona no puede sobrevivir más de 24 horas, se muere”. Y precisamente por eso, tenerlo alto nada más levantase (es uno de los ritmos naturales del cortisol) es necesario para poder funcionar, así que en realidad, no se necesita ese café inmediato porque ya nuestro cuerpo con su subida natural de esta hormona se encarga de ponernos en ‘modo on’. Puedo dar fe que retrasando la toma una hora aproximadamente, ha conseguido afrontar el día con más calma –lo mismo me ocurre cuando no miro el móvil hasta que salgo de casa– y me siento menos hinchada y con mejor sensación (sí, en ciertas ocasiones ese primer café con el estómago vacío no me sentaba bien).
La nutricionista Elisa Blázquez explicaba en un post reciente de su cuenta de Instagram que precisamente ese pico natural de cortisol (cortisol awakening response) es nuestro “café interno” (dura entre 30 y 40 minutos). Y si tomamos café justo cuando se está produciendo esa subida natural se rebaja ese efecto despertador natural de nuestro cuerpo e, incluso, se puede provocar más hambre y bajón de energía. En cambio, si se espera entre 60 y 90 minutos “la energía es más estable y se tiene menos ansiedad y más bajones”.
Mejor cambiar el café por un gran vaso de agua
En este cambio de hábitos, sustituir esa cafeína al alba por un gran vaso de agua (con hielo, por favor) ha desencadenado un círculo virtuoso de ventajas: por un lado calmar la deshidratación con la que nos despertamos después de varias horas sin beber. Y por otro, favorece una menor retención de líquidos porque al beber agua nada más levantarme consigo eliminar toxinas de mi cuerpo y potenciar el drenaje de líquidos. Digón también confirma las ventajas de hacerlo: “Es interesante incorporar el agua a primera hora de la mañana cuando los mecanismos de drenaje están más activos y así potenciar la eliminación de líquidos”. Puedo dar fe que siempre que lo hago, no solo me siento más deshinchada, sino también con mayor claridad mental y más energía. No en vano, el cerebro y los músculos son especialmente sensibles a cualquier desnivel en la cantidad de agua en el organismo.
El café como secreto de longevidad
Dicho todo lo anterior es importante recordar que no hablamos de no tomar café, sino simplemente de retrasar su toma. El doctor Marvin Edeas, experto en mecanismos celulares, profesor de la Universidad de París y fundador de la World Mitochondria Society, nos confirmó durante una entrevista que se pueden tomar varias tazas de café al día porque estimula la mitofagia, un proceso celular que repara las mitocondrias dañadas para alcanzar el equilibrio celular. Eso sí, el experto aconsejaba que fuera de calidad (arábica) y si se quiere tomar con leche, recomienda que sea de avena.

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