Explora Alba Flores en Flores para Antonio los vínculos y ramificaciones de la vida de su padre, quien a pesar de fallecer con tan solo 33 años, cultivó una carrera en la música de más de quince. Y su propia relación con la música, una pulsión que se apaga con la muerte, pero vuelve gracias a la intercesión de este documental, un concierto homenaje a su padre y Silvia Pérez Cruz. “Justo hace un rato nos mandábamos mensajes porque nos echamos de menos. Hemos estado juntas dos años: ha habido uno de rodaje y la parte de montaje ni te cuento. Ella ha sido fundamental en todo”, reconoce Molina.
Abordar a la familia Flores, aristocracia artística de España, no es algo que a primeras pareciera sencillo. Alba Flores es el corazón de Flores para Antonio, también Ana Villa, su madre, pero no solo. A lo largo del metraje se asoman los primos de Alba, Elena y Guillermo Furiase, pero también sus tías, Rosario y Lolita. “Impone respeto, pero para mí lo impone cualquier historia y más si trabajas en el terreno del documental”, introduce Elena Molina. “Estamos tratando con algo muy delicado como es la realidad, la vida de una persona. Se han tomado las decisiones con mucho mimo, se ha cuidado mucho no pasar líneas rojas –aunque nadie las ha marcado, las hemos dibujado juntas–”, continúa. “El apellido Flores imponía, pero siempre se ha buscado el hacer una película muy universal desde las conversaciones pendientes. Había que plantear cómo en una familia una ausencia puede marcar tanto y cada cual se tiene que recolocar”.
Resulta sorprendente el paso adelante de Ana Villa, una mujer que decidió centrarse en la producción teatral tras la muerte de quien fuera su marido y quien se ha mantenido en un segundo plano todos estos años. “Se consigue que entre con mucho amor. Ana es enorme. Podíamos estar buscando ideas y trabajando en lo que fuera que siempre se daba ese momento del oráculo Ana. Era quien nos aclaraba dudas, nos explicaba el contexto de aquella época: los años de juventud de Antonio o su progresión en la música, en la que ella era fundamental”, explica la cineasta. “Vio a Alba tan contenta que creo que al final se dejó llevar”.
Se entrelaza lo que se cuenta en Flores para Antonio con lo que se han atrevido a reflejar otras películas recientes: la crisis de la heroína de los 80 y 90 y sus fatídicas consecuencias. Parece que se ha alcanzado cierta madurez para hablar de esto en el audiovisual desde una óptica serena. “Me gustaría pensar que sí. Con Alba lo hablábamos mucho, sabíamos que Carla estaba trabajando en Romería y estábamos deseando verla. Alba sueña y le encantaría hacer un pase conjunto, que las dos pelis dialogaran y creo que tiene que ver con que es la generación de hijos, hijas e hijes que les tocó vivir este momento histórico”, explica Molina. “Teníamos claro que la figura de Antonio podía ayudar en la desestigmatización. Es una persona poliédrica. En los medios de comunicación se simplificó su figura y se utilizaron términos para apuntalar la idea de esa España negra”.

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