25/06/2026

Cómo evitar la alimentación emocional en el trabajo. Cuando los hábitos alimentarios hablan de cómo nos sentimos

Alimentación emocional en el trabajo: cómo evitarla

Hay días o épocas en las que se encadenan reuniones, presentaciones y entregas, una detrás de otra. Jornadas en las que las horas vuelan para priorizar otros asuntos y relegar las comidas a un segundo plano. Noches en las que devoras lo primero que pillas u optas por pedir fast food a domicilio con demasiada frecuencia. Y semanas que pasan sintiendo que las digestiones son cada vez más pesadas y que el malestar va en aumento. ¿Te suena? Si es así, es probable que estés practicando la alimentación emocional, esa que aparece cuando recurrimos a la comida para amortiguar cansancio, ansiedad o presión. Porque la forma en la que comemos es un reflejo claro de cómo nos sentimos y afrontamos el día a día.

Aunque los atracones o el consumo de opciones poco saludables son las formas con las que habitualmente vinculamos la alimentación emocional, también puede expresarse de manera contraria, es decir, con la restricción y/u obsesión por la comida sana. “En este punto conviene mencionar la ortorexia, un trastorno de la conducta alimentaria que consiste en la búsqueda extrema de la alimentación saludable. Porque la comida tiene también su esfera emocional, es consuelo, tradición, encuentro y memoria; y por eso es humano que nuestras emociones influyan en cómo comemos”, expresa Isabel Martorell, Doctora en Biomedicina y responsable del equipo de Nutrición y Salud de Nootric.

Merece mucho la pena mejorar los hábitos alimentarios

Piénsalo, seguro que en épocas en las que sigues un estilo de vida saludable, en el que no falta una alimentación equilibrada, sientes que la energía se regula mejor, que piensas con más claridad y que gestionas las tensiones cotidianas con más calma. Así lo reporta un 34,2% de los encuestados en el estudio realizado por Cigna Healthcare sobre hábitos de nutrición en el mundo laboral, que afirma que cuando consiguen mantener una alimentación adecuada notan una mejoría clara en su concentración y en su productividad. Algo que confirma que la alimentación no es un aspecto accesorio del bienestar, sino un elemento que influye directamente en cómo vivimos el trabajo y en cómo lo afrontamos.

“En cambio, cuando comemos con prisas, encadenamos horas sin parar o elegimos alimentos poco nutritivos porque ‘no nos da la vida para más’, es más probable que aparezcan síntomas como la fatiga, irritabilidad o esa sensación de que cuesta un poco más concentrarse”, afirma la Dra. Daniela Silva, especialista en Medicina Interna y E-Health Medical Manager de Cigna Healthcare España. Consecuencias que parecen sufrir un elevado número de personas, ya que en dicho estudio casi la mitad de los empleados en España (48,8%) considera que sus hábitos alimentarios en el trabajo no son aceptables y que el ritmo laboral les condiciona más de lo que les gustaría.

“Observamos que la alimentación emocional es más frecuente en los empleados de 25 a 34 años, que son quienes tienen los horarios más irregulares, suelen encadenar más reuniones y sienten una mayor exigencia para responder a todo con rapidez”, comparte Daniela. En cambio, el grupo de 55 a 65 años muestra rutinas más estables y una relación más estructurada con los tiempos de comida. Además, siguen con mayor frecuencia patrones propios de la dieta mediterránea y consumen más alimentos frescos, lo que favorece una relación más consciente con la alimentación y una menor tendencia a utilizarla como vía de escape emocional. Porque, como señala Isabel Martorell, una relación sana con la comida se basa en flexibilidad, atención plena y equilibrio.

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