De todos los lugares en los que esperaba tener una experiencia espiritual, no entraba la sala de reuniones virtual de Demi Moore. Mis lugares habituales de epifanía (la parte de atrás de un Uber a medianoche, el cielo sobre Heathrow a las 3 de la mañana) no estaban presentes; en su lugar, solo estábamos Moore, yo y una buena conexión Wi-Fi. Hablando con motivo de su nuevo rol de embajadora mundial de la marca Kérastase, nuestra conversación comenzó naturalmente hablando de su pelo largo hasta la cadera.
Demi Moore at the Gucci fashion show as part of Spring/Summer 2026 Milan Fashion Week held at Palazzo Mezzanotte on September 23, 2025 in Milan, Italy. (Photo by Saira MacLeod/WWD via Getty Images)WWD/Getty Images
«Hay un concepto nativoamericano muy bonito que dice que nuestro pelo es como nuestras plegarias y que cuanto más crece, más vuelve a la tierra, para que esas plegarias se manifiesten», me cuenta, explicando que, tras años de experimentación, decidió que no quería nada más que su pelo natural.
«Después de raparme la cabeza [en 1997, a instancias de su papel en La teniente O’Neil, de Ridley Scott], tuve la sensación de ‘¿y ahora qué? Me había hecho un corte pixie, un bob, me había puesto rubia, pelirroja, a capas, con flequillo… Me había hecho tantas cosas que quería dejármelo crecer y punto». A partir de entonces, dice, dejarse el pelo largo, larguísimo, cargado de oraciones, energía e historia, le pareció más alineado con la persona en la que se estaba convirtiendo.

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