El silencio productivo, una habilidad cada vez más necesaria
Para san Gregorio de Nacianzo, el silencio era una de las formas más útiles de templanza, uno de los medios más eficaces para regular los movimientos del corazón. Una ausencia de ruido que en prácticamente todas las religiones se convierte en elemento fundamental y vehículo para el recogimiento y la reflexión. Pero más allá de la vida clerical, lo cierto es que el silencio se busca igual que se rehuye porque, aunque sabemos que lo necesitamos, a veces hace que afloren miedos o inseguridades. Como apunta Marcela Labraña en Ensayos sobre el silencio (ed. Siruela): “Es una de las experiencias humanas más intensas, […] representa un rango de emociones que van desde la quietud hasta el miedo a lo desconocido”. De ahí que dejar entrar al silencio y, por lo tanto, escuchar y reflexionar, sea en realidad un acto de coraje.
A este espacio deliberado de pausa, diseñado para procesar, integrar y tomar conciencia, cerca de la reflexión y lejos de la respuesta impulsiva, se le denomina ‘silencio productivo’. Y es, como afirma la psicóloga Christine Lebriez, especializada en coaching empresarial, una práctica activa, no pasiva, que exige entrenamiento, intención y madurez emocional, además de plena consciencia. Por eso no se debe confundir con la simple ausencia de ruido ni el mutismo incómodo. Y amplía, “desde esta perspectiva, el silencio no se concibe como un vacío, sino como una herramienta muy útil y un espacio donde se revela lo importante entre lo urgente, convirtiéndose en una de las habilidades blandas fundamentales”.
En un entorno profesional y sobre todo en las empresas, donde prima la velocidad, la visibilidad y la hiperconectividad, hablar de silencio, escucha, observación y reflexión puede parecer casi anacrónico o que esté incluso mal visto. Sin embargo, la psicóloga está cada vez más convencida de que entrenar estas habilidades no solo es urgente, sino imprescindible, como una necesidad estratégica, tanto para el liderazgo efectivo como para el equilibrio humano. “Cada día somos bombardeados por más de 74 GB de información, según estimaciones recientes. Nuestra atención es secuestrada constantemente por notificaciones, urgencias ajenas y ciclos infinitos de distracción”, explica Christine. Como consecuencia, nuestra capacidad para escuchar sin interrumpir, observar sin prejuzgar y pensar antes de reaccionar está siendo erosionada de forma alarmante. Un estudio de Microsoft reveló un dato esclarecedor: desde el año 2000, nuestra capacidad de atención ha disminuido de doce segundos a ocho. Un deterioro que no solo afecta a nuestra salud mental, sino también a la calidad de nuestras decisiones estratégicas y a nuestra eficacia comunicativa.
¿Puede el silencio, por lo tanto, ser una herramienta para dirigir equipos? Mercè Brey, escritora, mentora y experta en desarrollo profesional de la mujer y liderazgo, tiene claro que sí y considera que tener la capacidad de hacer pausas, escuchar de verdad, observar con atención y reflexionar sin prisas se han vuelto habilidades críticas. Competencias que no son meramente actitudinales, sino habilidades cognitivas complejas que involucran atención sostenida, regulación emocional, pensamiento crítico y metacognición. Como cualquier habilidad compleja, pueden –y deben– entrenarse, incluso en el ámbito laboral, donde lo relacional es clave. “Son tremendamente valiosas aunque no excesivamente valoradas en la esfera pública, en ese lugar habitado mayoritariamente por hombres durante miles de años. Hablamos de captar matices que muchas veces pasan desapercibidos, pero que en realidad son pura riqueza”, reflexiona Mercè.

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