04/05/2026

Valentino: Una vida maravillosamente vivida, contada por Hamish Bowles

Valentino Clemente Ludovico Garavani –conocido, simple, llana y poderosamente como Valentino– nació el 11 de mayo de 1932 en Voghera, un lugar bastante tranquilo perdido entre Milán y Génova. Pero cuando murió, a los 93 años, el 19 de enero, había conquistado el mundo de la moda y el estilo, aportando una particular idea de belleza –lujosa, impactante, glamurosa, inmaculada, femenina– a todo lo que tocaba.

«Me encanta la belleza, no es culpa mía», dijo Valentino encogiéndose de hombros, y en la moda vio una forma de cautivar y atrapar en sus redes a las mujeres (sus únicas clientas en sus comienzos, antes de ampliar el alcance de su bien vestida red).

Se formó en la Accademia dell’Arte de Milán, donde estudió francés y moda, y a los 17 años se trasladó a París, a la École des Beaux-Arts y a la Chambre Syndicale de la Couture, antes de conseguir un puesto de aprendiz en 1951 con el modista ateniense Jean Dessès, que vestía a la realeza y a las damas de la alta sociedad con sus trajes de noche de pulcros drapeados y vivos colores. Jacqueline, la Condesa de Ribes, vestía de Dessès, y cuando Oleg Cassini le pidió que diseñara algunos vestidos para él en París, se lo comentó a Dessès, diciéndole al diseñador que no sabía «dibujar de forma chic». A Dessès le hizo gracia. «Tengo un ilustrador italiano», le dijo, “que estaría encantado de ganar un poco más de dinero después de sus horas de trabajo haciéndote los dibujos”. Así nació la amistad entre Valentino y Jacqueline.

Durante su estancia en casa de Dessès, Valentino también creó –solo en bocetos– una serie de lujosos vestidos drapeados y bordados como proyecto de fantasía, incluido un vestido de día de gasa azul (kilómetros y kilómetros) y un vestido de noche bordado pegado al cuerpo con camafeos de flores y gasa rosa, amarilla y marrón drapeada sobre el busto y que caía desde la espalda hasta el suelo: ropa para una estrella de Cinecittà. (Cuando celebró su fiesta y exposición del 30 aniversario en 1992, todo el cogollo viajó a Roma para celebrarlo con él. Sus fenomenales talleres habían recreado en secreto los diseños de estos primeros bocetos –los abiti del sogno (vestidos de ensueño)– que resultaron ser tan deslumbrantes cuando cobraron vida como cuando Valentino los soñó por primera vez).

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Richard Burton junto a Elizabeth Taylor, “vestida con tafetán negro y encaje de Valentino, peinado de Alexandre y una auténtica fortuna en diamantes y esmeraldas”.

Cecil Beaton, Vogue, enero de 1972

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