08/05/2026

Judeline, en su primer Movistar Arena: aquella niña andaluza llena de sueños ahora es una diva con identidad propia

Tras un cambio de estilismo en el que la artista apareció con un segundo look vaporoso del diseñador con base en Barcelona Javier Guijarro, la atmósfera se hizo más cálida y sobre el escenario aparecieron unas dunas de arena y una evocadora imagen del faro de Trafalgar (cuya luz, cabe recordar, se colaba por las noches de manera intermitente en la habitación de la artista). “Vamos a hacerle un pequeño homenaje a Cádiz”, dijo entonces Judeline, y abrió un segundo bloque en el que sonaron temas como trafalgar, TÁNGER, ZAHARA y Sustancia, que remitían a sus inicios creativos, o su particularísima versión de La Tortura, para luego dejar paso a composiciones más actuales, como com você y chica de critsal. Ambos, recibidos con gran entusiasmo por parte del público.

Fue ahí cuando la artista volvió a coger el micrófono para mandar un mensaje que introducía lo que iba a ocurrir: “Estoy a punto de cumplir el sueño de mi vida”, dijo para presentar a La Mari de Chambao, junto a quien, emocionada, interpretó el mítico Ahí Estás Tú. Después, llamó al escenario a cuatro de las integrantes del grupo de Sanlúcar de Barrameda Papá Levante, en compañía de quienes versionó la dulce Canción Del Agua (incluida en el álbum Sopla Levante, 2003) y creando una atmósfera de comunión sonora.

El tercer y último bloque, dedicado a encarnar el espíritu de su reciente EP VERANO SAUDADE. Después de darlo en las pinceladas de salsa de mi breve juventud, Judeline advirtió: “Ahora no viene una muy bailonga, pero viene una muy bonita”. Y fue entonces cuando invitó a Yerai Cortés, a quien presentó como “el mejor guitarrista de la nueva generación”, a unirse a ella en el escenario para interpretar esa mágica colaboración compuesta por ambos que es Un puente por la Bahía. Fue increíble ver a estos dos talentos, impulsores de la modernidad musical, disfrutando juntos como lo hicieron.

El espectáculo siguió ya con la traca final. A la oda a la nostalgia prematura y el sutil contoneo de tiempo pasa le siguió una invitación a “conectar con la espiritualidad, con la sexualidad” en la tórrida TÚ ET MOI. Y, aunque parecía imposible, la temperatura continúo subiendo en 2+1, con Judeline perreando en compañía de dos bailarines sobre el escenario. Por supuesto, no era la única que, llegados a ese punto, lo estaba dando todo –si no, que le pregunten entre el público a los actores Ana Rujas y Carlos González–. No podía faltar, claro, la que, a día de hoy, sigue siendo una de las grandes favoritas del repertorio, ese sencillo de 2023 titulado Canijo. De ahí pasó a PIKI y, luego, a la gran despedida que, de manera necesaria tenía que ser la poética zarcillos de plata, con la que el concierto desembocó de lleno en esa epicidad que traen consigo las primeras veces cuando salen bien. Y vaya si le salió bien. Se abandonó (ahora sí) al llanto y le dio las gracias a su equipo, a quien convocó en el escenario para saludar, a su familia y al público: “Gracias por cumplir los sueños de una niña andaluza. Este es el comienzo de algo. Nos vemos en la próxima”. Es lo que tienen los artistas grandes y los escenarios grandes. Una vez que se encuentran ya no es tan fácil que algo los vuelva a separar.

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