Y es que el rubor de sus mejillas respondía a una tendencia llegada desde Japón, y conocida como ‘maquillaje Igari’. “Este estilo debe su nombre a su creadora, la beauty guru Shinobu Igari, quien lo popularizó a finales de los años noventa. Su seña de identidad es la aplicación estratégica del rubor en la zona de la ojera y la parte alta del pómulo, lo que logra un efecto descansado, sonrojado y que recuerda inevitablemente a los personajes femeninos de las series de anime», escribía una editora de Vogue en este artículo a propósito de la tendencia. «Su creciente fama encuentra una explicación clara: además de iluminar el rostro y de simular una piel más saludable, ayuda a disimular las ojeras oscuras”.
Cierto es: el rosa del colorete, al colocarse sobre la zona de la ojera, logra neutralizar y disimular los posibles tonos verdosos y/o azulados de esta. Pero Peltz no se limitó solamente a iluminar y camuflar esta zona; extendió el colorete a la sien, y dio un toque de color también a la nariz y párpados. El efecto conseguido era el de haber estado tomando el sol durante toda la tarde previa a la fiesta post Oscar (cosa que, por otro lado, no podemos confirmar ni descartar). Sea como fuere, Nicola sabe que nunca es suficiente colorete, y el resultado no pudo ser más favorecedor. O sí: para rematar el look, la más reciente integrante de la familia Beckham optó por unos labios a tono, formando un maquillaje monocromático romántico y delicado que vive en nuestra mente sin pagar alquiler.


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