He empezado a usar perfilador de labios a los 44 años (y no sé por qué no lo he hecho antes)
Cuando era adolescente, tenía una amiga que se perfilaba los labios en un tono nude (‘carne’ lo llamábamos nosotras) y se ponía un poco de vaselina Gal (sí, la del tarro rosa), y nada más. Era su seña de identidad, igual que la mía en ese momento era utilizar lápiz negro en la línea del agua del ojo. Desde entonces –y han pasado casi 30 años– ella ha sido fiel al perfilador de labios y yo al lápiz de ojos. Y pese a haber crecido en los 90 y haber sobrevivido al boom del overlip de los últimos meses, nunca he tenido en mi neceser un perfilador de labios. Pensaba que no era para mí, que si me gustaba llevar los labios siempre naturales, no era necesario. Pero claramente me equivocaba. Bastó un maquillaje en manos expertas –la maquilladora usó, sin darme opción a la réplica, uno en tono rosado y cuando me vi en fotos noté la diferencia– y la llegada a mi vida beauty de uno de los más virales del momento (hablo del de larga duración de YSL Beauty). Ha ocurrido tarde, a mis 44 años, pero ahora entiendo por qué los maquilladores siempre repiten que es básico. Y no solo para definir los labios o hacerse el archiviral overlip. Desde que lo uso, no solo intuyo unos labios más enmarcados, sino una cierta sensación de armonía en el rostro que yo no acababa de entender que pudiera ser resultado del uso de este producto.
Por qué el perfilador de labios armoniza el rostro
Sergio Antón de las Nieves, makeup artist de YSL Beauty en España (y maquillador de Rosalía, entre otras celebs que le adoran) me saca de dudas y me explica sus bondades: “El perfilador no solo hace que el resultado del labio se vea mucho mejor, es que realmente cambia el conjunto de la cara. Para mí es un imprescindible porque te permite definir, corregir y dar forma de una manera muy sutil pero muy efectiva. Tiene una parte estética que me parece clave: igual que unas pestañas largas hacen que la mirada se vea más bonita y abierta, trabajar el labio, aunque sea ligeramente por fuera, hace que la distancia entre la nariz y el labio se vea más corta. Y eso, aunque no lo pensemos, es un rasgo de belleza bastante inmediato. Es un detalle pequeño, pero cambia muchísimo cómo se percibe el rostro”, explica a esta cabecera. Toda la razón. A lo que hay que sumar otro par de detalles que tampoco son menores: el perfilador evita que el labial se mueva –“Hace de barrera”, dice el experto– y ayuda a reconstruir la forma de los labios cuando empieza a perder definición (doy fe, ocurre) y comienza a desdibujarse o a tener el famoso código de barras.

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