17/04/2026

Alana S. Portero, guionista de ‘Mi querida señorita’: “Los amigos y las amigas nos definen, tanto los que permanecen como los que se han ido”

“Hay algo que tiene la película en su trasfondo que tiene mucho que ver con la soledad. Nos apetecía combatirla por completo porque de eso se trata el actualizar la cuestión. No solo buscábamos iluminar las zonas oscuras que hay en la peli, sino ir más allá”, reflexiona Portero. “Primero, contar lo que es una persona intersex y exactamente qué es lo que le pasa, no eso que se dice en la primera de ‘no es usted una mujer’. Y después acabar con esos viajes en solitario de las personas que están simplemente viviendo sus vidas”, continúa. “Una de las cosas que tenemos en común casi de manera generacional es la cantidad de personas que nos han acompañado o los lugares que hemos conocido cuando hemos intentado ser libres. Los amigos y las amigas nos definen, los que permanecen y los que se han ido. A nuestro personaje teníamos que darle eso”.

Una reacción muy extendida cuando se anunció el proyecto fue de incredulidad. ¿Por qué Los Javis tenían que tocar una película que ya se considera una obra maestra del cine español? ¿Cómo Fernando González Molina se prestaba a ponerse al mando? Él mismo lo cuenta: “Puede verse como un atrevimiento, pero también ha pasado el tiempo suficiente desde la película original para arrojar luz sobre zonas que estaban en sombra y no parecía necesario iluminar”, comparte el cineasta. “Enseguida, al ver la original después de que Los Javis me llamaran y me propusieran esta locura, tuve claro que existían los huecos necesarios para darle sentido al viaje de revisitar el título. No creo que sea un remake. Era importante contar la realidad intersex del personaje en el 2026, algo que no se pudo hacer de la misma manera con la original porque es una hija de su tiempo que sorteó no sabemos cómo la censura”.

Mi querida señorita, la de 1972, es una película áspera con momentos duros, pero también con un final feliz. La versión de 2026 muestra el mismo viaje de su protagonista, de Pamplona a Madrid, pero lo hace además casi como si de una versión moderna de El mago de Oz se tratara. Adela primero, Ade después, a los que encarna la actriz intersexual Elisabeth Martínez, se encuentra en su periplo con una inmensa mayoría de gente buena. La película, al contrario que gran parte de las historias queer en el cine, es luminosa y esperanzadora. “Porque eso también es verdad”, sentencia Portero. “Muy a menudo la narrativa puede ser una profecía autocumplida y generacional que pasamos de unas a otras. Fernando y yo hemos puesto mucho de nosotros en esta película y recordamos momentos que han sido muy oscuros, pero, sobre todo si pienso en el Madrid de 1999, lo que veo es luz por la noche. También había mucha gente que me iluminó el camino. ¿Cómo no contar eso?”, se pregunta. Fernández Molina ahonda en esa idea: “Una de las principales diferencias con la película original es la historia de esos aliados que te acompañaban y la posibilidad de colocar a Ade al final de la película en un nuevo comienzo, en otra casilla de salida”.

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