En Despiece (Ed. Dos bigotes), Vicente Ferrer (Valencia, 1983), periodista de formación, cuenta la historia de Vicentín, un niño que vive su infancia en la capital del Turia sin sobresaltos hasta que un profesor se encapricha de él y lo viola en repetidas ocasiones. Vicente es la versión adulta de ese pequeño y desde el punto de vista del más joven narra una infancia en apariencia normal, con unos padres carniceros y una hermana que se ríe de vez en cuando de él. Una historia durísima que el autor tuvo muy claro desde un primer momento que quería contar. “Sospechaba que esta sería la primera historia que escribiría”, comparte Ferrer. “Quizá no lo tenía quizá tan claro, pero estaba dentro de mí, de una forma más consciente o inconsciente. Primero he tenido que entenderla yo, ponerle palabras, compartirla y transitarla. A partir de ahí he podido trabajarla, alejarme de ella y entenderla”, reflexiona. “Supe que iban a aparecer los abusos, pero esto no iba a ir sobre el dolor. No es una novela sobre el dolor o el sufrimiento. Para mí esto es más la historia de una familia a lo largo del tiempo”.
Efectivamente, Despiece cuenta la historia de esa familia de clase media absolutamente normal en la que los dos hijos van a un colegio quizá mejor que la media, la casa no se queda pequeña y la vida es cómoda, a pesar de que tanto el padre como la madre de Vicentín trabajan hasta deslomarse. Una familia, además, que a diferencia de las que suelen figurar en narrativas queer, no es un foco de conflicto. “No todo el mundo ve lo mismo. No hubo una intención de hacer una familia supertierna donde todo el mundo se quiere, no iba tanto por ahí”, reconoce el autor. “Por un lado es un retrato inspirado en mi propia familia, eso está claro, pero a la hora de reflejar la vida a través de los ojos de un niño, muchas cosas quedan fuera porque tienen una capacidad enorme de amar, perdonar y seguir adelante. Son muy vulnerables y sensibles, así que se da la voluntad de contar esto a través de un niño que ni siquiera entiende muy bien qué es lo que le está pasando. Se da una subtrama que subyace a lo largo del texto, pero el día a día de la familia es normal: hay momentos en los que se gritan y otros en los que se quieren mucho”.

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