‘algo para regresar’ de julia amor es un disco lleno de canciones tan emocionales como ‘buscando unos brazos’. De manera que, invitada a participar en nuestra sección Meister of the Week, comisariada por Jägermusic, ha decidido hablar de eso, de emociones.
La artista demuestra haber realizado un verdadero «master» en las mismas, reflexionando sobre la importancia de que nos comuniquemos con ellos, o de la naturalidad con que este tema se ha ido instalando en la conversación popular, a diferencia de lo que sucedía hace unos años. Es curioso que en ocasiones su música sea precisamente luminosa, pero también hablamos de ese contraste.
En esta sección los artistas suelen hablar de algo de lo que sean «fans». ¿Podemos concluir que eres fan de las emociones, pues es el tema que has elegido? ¿Por qué lo has elegido?
Es un tema con el que he estado obsesionada mucho tiempo. Empecé a hacer terapia bastante pequeña, con unos 10 años. Me gustaba ir al psicólogo porque me ayudaba a entender por qué se creaban ciertos conflictos, me daba claridad y me tranquilizaba. Un poco más mayor empecé a leer sobre psicología, me interesaba cada vez más, y dicho interés acabó derivando en las emociones cuando empecé con una terapeuta increíble que me explicó su función. Es muy común reprimir emociones, intentarlas controlar. Y a mí, entender la forma en que actúan, me ayudó mucho a soltarlas y a sanar mi relación con algunas emociones en específico. Y este interés puramente de auto-ayuda derivó finalmente en fascinación.
Por un lado, me parece información imprescindible, absolutamente siempre son útiles, por dolorosas que sean. Igual que conocemos cómo alimentarse bien, cuántas horas dormir… Hay que saber que hacer frente a las emociones y cómo. Mucha gente dice que cuerpo y mente son una sola cosa, y yo veo las emociones como un puente entre cuerpo y mente, un gran canal de información. Cuando una emoción no ha podido comunicarse e irse, se queda en tu cuerpo, se transforma y busca otras formas de ser escuchada. Para entender esto me ayudó mucho el libro de ‘Lo bueno de tener un mal día’ de Anabel González.
Las emociones tienen un papel crucial en la supervivencia. Es decir, los animales también tienen emociones, cada especie con sus matices, pero el instinto de supervivencia se sirve, entre otras cosas, de las emociones para que los animales sobrevivan. Tanto ellos como nosotros reproducimos patrones sin parar. Al final las emociones también son matemáticas, pero tienen una forma de manifestarse y existir, son canales tan poderosos de creación, comunicación, de conexión entre nosotros… Me parece que no solo te hacen una persona más fuerte, sino también más conectada a tu intuición y a tu subconsciente. Y eso tiene mucho valor a la hora de crear algo. Cuando haces una canción, estás abriendo un canal entre tu subconsciente y lo terrenal, tengas buena relación con tus emociones o no, eso es así. Pero creo que es muy útil tener una intuición bien afilada, y tener el subconsciente bien abierto. Es como si estás en una habitación con una ventana gigante pero estás en el suelo. Si te levantas de repente tienes muchísima más perspectiva. Me parece que hay algo sagrado en la capacidad que tenemos los humanos para la creación y la expresión, que tiene que ver con activar nuestra conciencia.
«Hay algo sagrado en la capacidad que tenemos los humanos para la creación y la expresión, que tiene que ver con activar nuestra conciencia»
Hablas de «la importancia de las emociones como forma de supervivencia», ¿qué quieres decir en el plano más estrictamente pasional o mental?
Hablo del plano mental. Una emoción tiene la función de darte información, de la misma forma que cuando tocas algo muy caliente recibes una señal en el cerebro para que apartes la mano. Por ejemplo, la vergüenza cumple una función de integración social. Somos un animal sociable y sentimos vergüenza para evitar hacer algo que pueda alejarnos del grupo. El asco tiene la función primitiva de evitar que te intoxiques. Y así todas las emociones.
Los ejemplos que he puesto son muy básicos pero en realidad toman partido de formas muy complejas y no es tan fácil tener una buena relación con ellas. Por ejemplo, si yo no tolero bien la culpa, porque me pone en un lugar de malestar físico extremo o la siento de forma desproporcionada (la culpa siempre es una emoción desagradable, por eso hablo de malestar extremo), puedo entrar en dinámicas de ser complaciente con los demás, no poner ningún límite porque en el fondo estoy evitando hacer algo que me haga sentir culpable. Entonces omito mi voluntad, me dejo en un segundo plano. Puedo incluso llegar al punto de no saber lo que quiero, por haber priorizado demasiado tiempo lo que querían los demás.
Si no tengo miedo a enfrentarme a mis emociones, a escucharlas y dejar que mi cuerpo las sienta, debería poder preguntarme «¿Por qué no tolero la culpa?» E intentar no huir de ella. Así esta puede comunicar e irse. Y por otro lado, todas las preguntas que puedas hacerte respecto a esa emoción te ayudarán a conocer tus patrones, heridas por cerrar, y en general conocerte mejor. Cuanto más contacto tienes con ellas y mejor relación, más puedes saber qué necesitas, establecer límites, iniciar diálogo contigo misma…
¿Qué relación haces entre esto y el mundo de los sueños?
Los sueños cumplen una función importantísima y muy interesante en todo esto, ayudan a regular la vida emocional. Durante la fase REM el cerebro asimila todo lo que ha pasado durante el día, y todo lo que la persona ha sentido. Cuando hay emociones evitadas o no gestionadas, estas se manifiestan de forma simbólica en los sueños. Como decía antes, la emoción solo quiere ser escuchada, y el cerebro la reproduce sin parar hasta que se integre. Me gusta mucho porque se parece un poco a cuando escribes una canción y accedes a un rincón de tu imaginario que no sabías que tenías. Yo antes era muy racional a la hora de escribir las letras y si me salía algo de forma instintiva que se salía de lo que yo explícitamente quería comunicar en la canción, me parecía aleatorio y no me gustaba. Ahora confío mucho más en lo que “sale solo”, porque aunque parezca que sale de la nada, no es así.
¿Crees que entrar en contacto con las emociones es algo generacional, de la generación que habla de salud mental, que va a terapia? ¿Ves ese contacto con las emociones en tus padres o abuelos?
Sí, nuestra generación está mucho más familiarizada con la salud mental que las generaciones pasadas. E ir al psicólogo implica entrar en contacto con tus emociones, al menos intentarlo. Pero aun así, la terapia debe terminar y el diálogo con las emociones tiene que existir siempre. Es decir, obvio tiene que ver pero me parecen dos cosas que aunque son complementarias, son distintas.
Aun así, como decía al principio, yo fui al psicólogo muy pequeña (y gracias a mis padres), y recuerdo que lo llevaba en secreto, y que en ese momento nadie decía que iba a terapia. En todos estos años ha cambiado muchísimo. Y me alegro, aunque haya traído también cosas malas, como todo.
En el plano creativo, ¿la música es una manera de canalizar emociones tanto para artistas como para fans?
La música y el arte en general es una forma buenísima de canalizar emociones, es una forma de manifestación del inconsciente. Para el artista obviamente, pero para fans también porque cuando conectas con algo lo haces porque tu inconsciente se activa.
«La música y el arte en general es una forma buenísima de canalizar emociones, es una forma de manifestación del inconsciente»
Como fan, ¿qué música te ha servido para valorar o vivir «la importancia de las emociones»?
Creo que toda, por lo que comentaba antes. Sea de forma más o menos consciente estás conectando con algo que te emociona. No tiene que ser algo muy profundo, cuando simplemente te divierte una canción también estás conectando con un sentimiento.
Cuando se habla de emociones me da la sensación de que siempre se percibe como la parte más excéntrica o dramática de la sensibilidad, pero no tiene por qué, es solo una parte de un espectro gigante.
Aun así diría ‘Val Miñor’ de Iván Ferreiro, ‘It’s okay’ de Maro, ‘Glow’ de Alice Phoebe Lou, ‘Lo que aletea en nuestras cabezas’ de Robe y ‘Beware of the dogs’ de Stella Donnelly, ¡por ejemplo!
«Cuando se habla de emociones me da la sensación de que siempre se percibe como la parte más excéntrica o dramática de la sensibilidad, pero no tiene por qué»
No sé si has visto esa escena de Bridget Jones en la que ella canta y hace como que toca la batería como ‘All By Myself’. Es muy cómica pero ella está «living». ¿Alguna escena cinematográfica en la que se hayan desahogado grandes emociones a través de la música?
¡No he visto Bridget Jones! Quizás debería. Diría la escena de ‘Los Tenenbaums’ en la que Richie está en el baño, se corta el pelo y se afeita. Me parece una canción perfecta y para nada obvia para ese momento, y toda esa escena (y la película) me encanta.
Es además, un tema importante en tu discografía, por ejemplo en ‘buscando unos brazos’, ¿cuál dirías que es tu tema más desesperadamente emocional?
Todos… jajajaja. Pero si tengo que escoger diría ‘ciudad gris’, ‘las cosas que morirán’ o ‘algo para pasar los días’.
¿Y cuál crees que sería el más frío, el más cerebral, el menos emocional de algún modo?
Creo que ‘como una foto’.
Solemos buscar grandes emociones en las letras, pero también está la música, el tipo de riffs de teclados, los clímax de la canción, las estructuras. ¿Crees que tu música en cuanto a composición y producción, sin letras, es tan emocional como tus letras?
Sí, pero es curioso porque de forma inconsciente en casi todas las canciones hemos mezclado letras tristes y melancólicas con una música energética y animada. Después con perspectiva nos hemos dado cuenta de que seguramente nos funciona tanto porque este contraste hace una compensación. Me gusta esa idea porque da una sensación de aceptación y rendición ante eso que se está contando.

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