01/05/2026

Ni todo, ni perfecto: por qué quedarse en el punto medio puede mejorar nuestro bienestar

‘Suficiente está bien’: una estrategia de regulación emocional

“La idea de ‘suficiente está bien’ nos está hablando de una estrategia de regulación emocional.  Muchas personas viven bajo una autoexigencia constante que convierte cualquier tarea en un examen de valor personal, así que cuando soltamos la necesidad de hacerlo todo perfecto, disminuye la ansiedad de rendimiento y aparece una sensación de capacidad más humana, no basada en imposibles. Todo ello permite sostener los esfuerzos en el tiempo, cometer errores sin que sea un drama y mantener una relación más amable con una misma. Paradójicamente, cuando dejamos de perseguir la perfección, solemos funcionar mejor y con menos desgaste”, explica la psicóloga Violeta Alcocer, autora del libro Auténticas impostoras (Roca editorial). Para la también psicóloga Marta Calderero, directora del centro Personalife Style, esta idea entronca con la flexibilidad psicológica, “uno de los indicadores más claros de salud mental: poder adaptarnos, ajustar expectativas y entender que no todo tiene que ser extraordinario para ser valioso. Y eso tiene un efecto directo en el bienestar: reduce el pensamiento rumiante, mejora la autoestima y permite descansar sin culpa. El perfeccionismo rígido se asocia a más ansiedad, autocrítica y mayor insatisfacción vital”. Aunque culturalmente hayamos normalizado estas exigencias y los medios para lograr esa impecabilidad irreal tan ligada al ámbito laboral, la psicóloga recuerda “que el cerebro no está diseñado para rendir en excelencia constante en múltiples frentes”.

Aceptar ese punto intermedio puede parecer una especie de resignación, de reducción de expectativas o una autojustificación para dejar de hacer cosas. Pero la esencia de este enfoque dista de todo aquello. “No es una renuncia, es una redefinición del éxito: pasar del rendimiento compulsivo a la coherencia interna. El problema no es aspirar a más,  es sentir que nunca es bastante. Hacer menos de lo que dicta la presión externa no equivale a vivir sin propósito. El bienestar no depende tanto de la ambición extrema como de perseguir metas alineadas con nuestros valores”, explica Calderero. Todo ello enlaza con la necesidad, añade Alcocer, “de desactivar la idea de que solo lo extraordinario legítima quienes somos. El ‘suficiente está bien’ solo podría suponer un inconveniente si surge de la evitación o del desánimo, ya que probablemente limite. Pero si hablamos de dosificar la energía de forma realista y sostenible, puede ser muy saludable. La presión por hacerlo perfecto tiende a generar bloqueo, procrastinación y abandono por saturación. Las personas que se dan ese margen suelen avanzar más porque no quedan atrapadas en el miedo al error ni en la fantasía de tener que llegar a todo. La perfección muchas veces inmoviliza”, concluye. Y es incompatible con la vida real.

Alguna recomendaciones

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Paradójicamente, rebajar expectativas puede ayudar a hacer las cosas mejor. “Quedarse en el punto medio libera mucha energía cognitiva: la atención deja de estar secuestrada por la autoevaluación permanente y la carga mental, y puede centrarse en tareas concretas de forma menos exigente”, explica Alcocer.

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