Nada puede parar a Lindsey Vonn
Menos de tres meses después de sufrir un accidente catastrófico en los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina, que casi le cuesta la amputación de una pierna, la condecorada esquiadora se sostuvo sobre sus propios pies en la alfombra roja de la Met Gala 2026. “He estado en un mundo completamente distinto, sobre todo desde mi accidente”, contó Vonn a Vogue antes de la Gala. “Es un poco como mi puesta de largo: puedo estar rodeada de gente, llevar un vestido bonito y femenino y dejar las muletas por primera vez”. Aunque Vonn dio algunos pasos de prueba durante la prueba de vestuario, “el lunes serán los primeros pasos –y sin duda las primeras escaleras– que dé sin muletas”, explica. “Me hace mucha ilusión, por muchas razones, haber llegado hasta ese punto”.
Thom Browne transformó a Vonn en una de las estatuas centenarias que recorren los pasillos del museo, un guiño a la exposición Costume Art del Metropolitan Museum of Art, centrada en el cuerpo vestido dentro de las bellas artes. Para la leyenda del esquí, Browne se inspiró en la subsección “cuerpo clásico” de la muestra, dedicada principalmente al arte helenístico y romano. “Cuando me envió el boceto, no sabía qué esperar, porque Thom tiene muchísima variedad en lo que ha presentado en el Met”, comenta Vonn. Pero se enamoró al instante: “No tuve nada que añadir”. El atelier de Browne adornó el vestido, de silueta muy ceñida, con abalorios para lograr un efecto de trampantojo marmoleado. Mientras la pedrería imita los remolinos de la piedra caliza, la falda blanca, de caída drapeada, rinde homenaje a las vestimentas de la escultura clásica.


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