Así se escribe este nuevo capítulo para el delantal
Desde el perchero o ese ‘cajón desastre’ de la cocina a estar colgado de una percha en el armario. Ese es el inesperado viaje que está haciendo el delantal esta temporada. Un desplazamiento que, en absoluto, convence a todo el mundo, pero que probablemente tampoco pretenda hacerlo. La lógica detrás del rechazo inicial es comprensible: una prenda concebida desde lo práctico, históricamente asociada al ámbito doméstico y rara vez vinculada a la elegancia, se ha convertido de pronto en objeto de deseo para algunas de las que más saben de moda. Choca, sí. Pero quizá ahí resida su interés. Porque, una vez descontextualizado, el delantal deja de ser únicamente lo que era para convertirse en otra cosa: un nuevo ejercicio de layering, o, simplemente, otra de esas ocasiones en las que la moda le da una vuelta de tuerca a todo.
Al fin y al cabo, la industria siempre ha encontrado fascinante ennoblecer lo cotidiano. Y quizá, si atendemos a la historia y tratamos de entender los porqués de las prendas que llevamos, la propuesta sea mucho más compleja. La gran impulsora de este cambio de rumbo fue Miuccia Prada, que en la colección primavera-verano 2026 de Miu Miu introdujo todo tipo de mandiles como un vestido más. Opciones adornadas con joyas o volantes, otros a modo de peto que recordaban a profesiones como la jardinería, la alimentación o el trabajo con máquinas –así como textiles como el algodón, la seda, el encaje o la lona– se subieron a la pasarela con naturalidad. También la hermana mayor de dicha firma, Prada, dejó ver alguna versión deconstruida, mientras que Calvin Klein abrió su desfile con un look que encajaba en estos mismos códigos.





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