10/05/2026

Cristina Araújo, escritora: “El amor me parece muy potente física, mental y emocionalmente. Es un sentimiento que tienes siempre en la cabeza y tiraniza lo demás porque todo está ya pasado por ese filtro”

Parece claro que la autoficción –con todas sus ventajas, que las tiene– ha hecho de nosotros lectores más acostumbrados a lo liviano y a la cotidianidad. También puede que los algoritmos hayan minado para siempre nuestra capacidad de atención y, simplemente, ya no seamos capaces de bucear en ficciones más hondas y complejas. Pero a pesar de ese contexto, es refrescante comprobar cómo aún hay novelas que son un ejercicio de artesanía narrativa, que se saben cuidadas, pensadas y medidas. A las que se les ha dedicado tiempo, mucho tiempo. Y Distancia de fuga (Tusquets), de Cristina Araújo, es precisamente de esas.

El libro se sirve del tropo de una pareja de hermanos –chica, Frances; y chico, Robin– y el mejor amigo de éste, Theo, para usar ese triángulo como el sostén de una estructura que se distribuye en capítulos que dan saltos en el tiempo y en los que se alterna el punto de vista del narrador entre los tres. Imposible no pensar en Soñadores (Bernardo Bertolucci, 2003), una referencia que no es accidental. “Esa película me encanta, me impactó muchísimo. La vi cuando salió, hace un montón, pero estas cosas se te quedan y sabes que te va a influir de alguna manera. Sí que es cierto que tenía claro esos tres personajes y esas dinámicas desde el principio, quizás no sabía exactamente cómo se iban a desenvolver las relaciones entre ellos, pero sí tenía muy claro que iban a ser dos hermanos que tuvieran una relación muy cercana”. Lo curioso, además, es que esta trama no es nueva, sino que parte de una historia que la autora escribió con 19 años sobre dos hermanos –que se llamaban igual– en la que hay una breve situación romántica con el amigo de uno de ellos. Demuestra así Araújo que a veces las ficciones necesitan un tiempo para madurar y asentarse, para encontrar el camino definitivo, como ha ocurrido aquí.

La novela aborda, además, dos temas que no pueden estar más alejados en el espectro narrativo y que, precisamente por eso, funcionan en un equilibrio perfecto: la fama arrolladora y súbita en tiempos de redes sociales y la filosofía. El primero es el contexto en el vive inmersa Frances después de protagonizar una serie que se convierte en un fenómeno global y que la sume en una espiral de adicciones y autolesiones que ella vive bastante disociada. “Siempre me ha atraído el mundo de la fama, pensar cómo vivirán esas personas que trabajan en lo que han soñado, que no tienen problemas económicos… pero luego, a veces, ves que no son felices y muchos de ellos acaban incluso quitándose la vida. En ocasiones ocurre con gente muy joven, eso siempre me ha impactado mucho”, explica la autora que confiesa haber leído diversas biografías de mujeres famosas y haber visto documentales, como el de Taylor Swift, para asomarse a ese pequeño grupo de personas privilegiadas al que pertenece Frances en la ficción. El segundo de esos temas es el ámbito académico en el que se mueve Theo, que prepara su tesis doctoral y estudia con fruición a todos los grandes pensadores. “Empecé a leer filosofía hace unos ocho años y veía que, hace ya un montón de años, estos autores interpretaban muy bien emociones que eran casi calcadas a las de ahora. Al final somos seres humanos y, aunque todo evolucione, los sentimientos puros –la desesperación, el miedo, la inseguridad, el amor…– son los mismos”, apunta.

Ambos extremos proveen a Araújo del necesario telón de fondo para contar un romance distinto –“Me apetecía mucho contar una historia de amor pero de una manera un poco profunda”, reconoce– y, a la vez, sirven de espejos para reflejar cómo viven sus protagonistas su particular relación: mientras que Theo se refugia en sí mismo, es reservado y no acaba de mostrarse; Frances es expansiva y no se deja nada dentro. Aunque la novela no pueda enmarcarse sin más en el género romántico –es mucho más que eso–, sí que cuenta un amor con mayúsculas que atraviesa diferentes etapas. Y es en ese ir y venir donde pone su mirada la autora. “El amor me parece muy potente física, mental y emocionalmente. Es un sentimiento que tienes siempre en la cabeza y tiraniza lo demás porque todo está ya pasado por ese filtro: vas a un sitio y piensas que te gustaría estar ahí con esa persona, vas a comprar cereales y recuerdas cuánto le gustaban…», reflexiona. “Cuando quedas con tus amigos, muchas veces hablas de cómo van tus relaciones, si has conocido a alguien o cómo estás con la persona que tienes en casa, si estás decepcionado o no…”, añade, un argumento con el que Araújo confirma la potencia del tema para explorarlo también narrativamente hablando, por mucho clichés que pesen sobre las novelas que versan sobre ello (y que a veces están relacionados con el hecho de que sus lectoras sean mayoritariamente mujeres).



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