11/05/2026

La sexualidad a partir de los 50: ¿es tan horrible como nos la han contado?

Porque, al contrario de lo que podría parecer (y nos han contado), es a partir de la llegada de la menopausia –la edad media entre las mujeres españolas se sitúa alrededor de los 48,7 años– hasta la vejez cuando muchas mujeres disfrutan de un deseo más libre. “La conexión emocional, la confianza, el tiempo o el conocimiento del propio cuerpo adquieren más peso ahora. Además, la experiencia sexual está más ligada a la intimidad, al vínculo emocional y al placer compartido, y menos condicionada por expectativas externas”, detalla Villahoz. Así lo vive también María Ángeles, la protagonista de Calle Málaga. “Ella experimenta sensaciones físicas nuevas: alcanza el orgasmo y toma conciencia de su capacidad para sentir placer. En resumidas cuentas, ahora es más libre que antes con respecto a sí misma y a su cuerpo. Y ya no se preocupa por las apariencias ni tiene miedo de mostrar la belleza de su vejez”, ahonda la directora de cine. Otro tipo de factores productivistas que a veces se cuelan en las relaciones sexuales, también salen de escena en la película de Touzani (y en la vida real). “La sexualidad se asocia a la juventud y a la reproducción”, apunta Villahoz. Es por eso que solo se vincula a esta etapa. “Y también a determinados ideales de atractivo físico, lo que ha dejado fuera del imaginario a las personas mayores, especialmente a las mujeres”, lamenta la especialista.

Nuevos placeres adultos

Existe el sexo más allá de la penetración: el mensaje está claro, pero sigue sin calar. Las relaciones convencionales y normativas siguen poniéndolo en el centro, porque se trata de una construcción social que se ha teñido de certeza, a través del tiempo y de infinitas narrativas, también audiovisuales. Pero en la vida real no todo es como en las películas. Y, por suerte, “hay un universo de prácticas que pueden resultar muy placenteras”, defiende Poch. Además –recuerda–, el deseo puede mutar en su forma de expresión, a partir de la exploración de una misma: desde nuestros primeros encuentros sexuales hasta los últimos. Así, que se produzca un posible cambio en la manera de abordar este acto de autoconocimiento y erotismo no es negativo en sí, sino más bien todo lo contrario. “No tiene por qué ocurrir, pero a veces durante esta etapa el deseo se transforma y se orienta hacia otras formas de intimidad: el vínculo, el contacto o la cercanía emocional”, enumera Villahoz. E insiste. “Es importante no imponer un único modelo y entender que la sexualidad no empieza ni termina en una etapa concreta, sino que se trata de una trayectoria que se va construyendo a lo largo de la vida”.

Con todo, la relación con el sexo puede cambiar y la clave está en el interés que tenga cada cual. “Existe otra presión, la de mantener un envejecimiento activo en el plano íntimo, caracterizado por la continuidad de una vida erótica similar a la de la etapa de juventud”, desarrolla Villahoz. “Pero la pérdida de deseo no es necesariamente un problema y mantener relaciones de manera recurrente tampoco debería convertirse en una exigencia. La sexualidad en esta etapa, como en cualquier otra, forma parte de la vida de las personas y convendría que se disfrutase con libertad y sin imposiciones”, continúa. Dependerá de cada una, “de su estado emocional, de la calidad de la relación que mantenga, de su autoestima corporal, de su salud general, y de la estimulación mental y erótica, entre otras cosas”, zanja Poch.

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