21/05/2026

Margarita García Robayo: “Lo que más me molesta del mundo es la persona que es capaz de asegurar que las cosas están bien porque no miró suficiente”

De hecho, sus propios conflictos con la maternidad y ese pronunciado cambio en los modelos de crianza –actualmente mucho más cercanos a la sobreprotección que a la laxitud– también vertebran varios de sus textos. “Hay una tendencia a preocuparnos por nimiedades que les coartan esa especie de impunidad natural que tienen los niños. La misma que les permite decir cosas incorrectas o inesperadas. Ni siquiera los regañamos cuando se portan mal, tratamos de aleccionarlos. Y está bueno desproveer a los niños y que recuperen algo de ese salvajismo con el que por lo menos yo crecí. Siento que es una autocrítica tremenda que tenemos que hacernos los padres contemporáneos, porque eso no nos va a ayudar a ninguno. Por otro lado, asumo mi propia contradicción, porque creo que nunca está mal demasiado amor. Todas las manifestaciones de amor les fortalecen”, argumenta.

Además de la honestidad cortante, casi kamikaze, desde la que están escritos, un aspecto a destacar de los once relatos (creados entre 2011 y 2025) que figuran en el volumen es que se sitúan en plena vorágine de los acontecimientos. “Lo que me interesa de estos textos es que se abordan mientras la narradora está atravesando ese problema en particular, lo que viene cargado de una visceralidad distinta. No tengo respuestas, estoy llena de preguntas. Y también hay una intención de contagiar al lector de ese malestar. Muchos, no concluyen de manera cerrada. En Leche, por ejemplo, termina el relato y yo sigo sin tener ni idea de cómo seguir alimentando a mi hijo, pero, en el medio, quizá, han surgido una serie de reflexiones en las que he podido encontrar cierto alivio”, continúa. “La escritura es como la depositaria del hartazgo, de observaciones que en la vida real son absolutamente banales, pero que, al escrutarlas de cerca, generan desconcierto. Si uno espera lo suficiente, la nada se convierte en algo. Y me parece superinteresante hacer algo con la nada. Nunca me deslumbran las grandes historias”.

Dice Margarita García Robayo que se identifica con ser pesimista –y una maestra en el arte de dramatizar los problemas, tanto en la literatura como en la vida–. “Creo que siempre se pueden hacer las cosas mejor, que nunca es suficiente. Pero, eso, al mismo tiempo, creo que me hace alguien optimista, porque cuando reconozco algo que está bien, lo celebro como milagroso, y realmente lo es. Estoy convencida de que quien cree que es feliz es porque alberga una parte de negación importantísima en su perspectiva. Si lo que hace que seas feliz es tu entorno y las circunstancias que te tocaron, eres una persona absolutamente individualista. Quiere decir que no estás mirando más allá de tu propia realidad. Y eso es lo que más me molesta del mundo: la persona que es capaz de asegurar que las cosas están bien porque no miró suficiente. Porque no se detuvo a ver la realidad de otros”, profundiza.

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