Malrollera y un tanto chanante, la portada del tercer disco de María José Llergo está hecha a conciencia. La artista, gran amante de los animales en general y de los pájaros en particular, quería que unas palomas, según ella «los seres más puros de la ciudad», fueran protagonistas. La idea original es que irrumpieran en una reunión para acabar con los «malos rollos de contratos, de obligaciones» y con los «haters». El tipo de cosas que separa la niñez de la vida adulta. Las cosas que -apelando al título del álbum- nos impiden «jugar».
Contra todo pronóstico, a la primera, una de las palomas mensajeras se lanzó a arrancar las gafas de uno de los «señoros» y el fotógrafo Manu Jaime logró captar el momento en que el animal incluso parecía mirar a cámara. La metáfora está servida: Llergo contrapone «el juego» de la infancia y la libertad, con la rigidez de las estructuras sociales de la vida adulta. «Yo no quiero morir nunca, yo quiero jugar siempre» es la cita de Galeano que referencia en la intro del álbum, que recibe el nombre de ‘Bienvenidos al juego’.
La libertad creativa, «el juego», ha llevado a María José Llergo a dejarse empapar por influencias internacionales. La nueva gira de presentación tiene más fechas fuera de España que dentro, y este disco está influido particularmente por un mes pasado en México, conociendo a músicos de toda Latinoamérica. Es por eso que ahora encontramos, junto a sus ritmos habituales de flamenco, R&B y urbano, otros surgidos al otro lado del Atlántico, como el bolero, la salsa o la bachata.
Llergo no ha dado con hits gigantescos en esa aproximación. ‘Bolero mafioso’ con Daniel Me Estás Matando tiene demasiado de ‘Dos gardenias’ y otros clásicos populares de Antonio Machín. Como ‘Otros besos‘ de ‘Ateo’ y las muchísimas bachatas de moda, solo que como ella dice «esta está llevada a la época de Al Andalus»: sus cuerdas orientales sí suman. Porque lo que sí nos da María José -más que hits-, es otra obra muy pasional. En esta canción, junto a la trip-hopera ‘Mala mía‘ y ‘Olvídame’, retrata tres fases del enamoramiento. O más bien deberíamos decir del desenamoramiento: ‘Olvídame’ logra sonar alegre y optimista, en su despedida grandilocuente: «qué bueno fue quererte como te quería».
La familia es destinataria de alguna de sus composiciones, a destacar ‘Abuelo’, recientemente fallecido, un tema que habla del alzhéimer, y de cómo la música es una manera de ralentizarlo. Pero el despecho y las relaciones tóxicas vuelven a ser mayoría en el universo Llergo. Solo que si ‘Sanación‘ se hizo desde el dolor, y ‘Ultrabelleza‘ desde la admiración a la hermosura, ‘El juego’ lo ha hecho con ciertas ganas de pasarlo bien.
En ese sentido es un gran hallazgo, hacia el final del largo, un tema tan fresco como ‘Agua negra’. Daniel 2000 co-escribe y co-produce esta pequeña maravilla que canta el «veo, veo» a un maltratador («veo, veo / ¿qué ves? / un psicópata / pues tu novio es»). Con trazos muy locos de reggaeton y drum&bass, habría sido una gran pista 2 de un álbum alternativo. Uno en el que hubieran tenido más peso esos momentos realmente divertidos y «libres», como el reggaeton de ‘Veneno’, bailongo pese a su letra «te llamo amor y eres veneno»; el final explosivo de ‘La celda’ o el de ‘Abuelo’, que escoge ser una fiesta flamenca en lugar de un triste funeral.

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