29/05/2026

Bleachers / everyone for ten minutes – jenesaispop.com

A los fans del pop les encanta meterse con Jack Antonoff por su homogéneo trabajo con artistas tan diversas como Taylor Swift, Lana Del Rey o Sabrina Carpenter. Al mismo tiempo, nadie puede negar la química que han demostrado en clásicos como ‘Out of the Woods‘, ‘Venice Bitch‘ o ‘Please Please Please‘. Por eso está claro que en la música de Bleachers falta algo.

Ese vacío es más evidente que nunca en ‘everyone for ten minutes’, el nuevo trabajo de Jack Antonoff con su banda, y lo que falta es el talento compositivo que aportan las artistas -normalmente femeninas- que colaboran con él. Esto no significa que las canciones de ‘everyone for ten minutes’ sean un despropósito, sino que resultan bastante endebles y vacías, sobre todo en comparación con el trabajo de producción.

La atmósfera es gris y difusa: baterías lejanas, saxofones humeantes, voces multiplicadas, guitarras acústicas, algún órgano Hammond y, por supuesto, la influencia inconfundible de Bruce Springsteen en la instrumentación y las melodías. El disco recorre el AOR y el heartland rock, pero casi siempre da la sensación de que Antonoff intenta capturar la esencia de los clásicos sin llegar a alcanzarlos del todo.

Y eso que lo intenta. No solo en el detalle textural de la música, sino en unas letras claramente biográficas. Canciones con cierta dimensión como ‘dirty wedding dress’ no hablan tanto de su boda con Margaret Qualley como de las personas importantes en tu vida y de aquellas que “quieren un pedazo de tu alma, pero son efímeras”. Antonoff lo resume como canciones de amor que acaban siendo sobre “cómo la vida es un poco más tolerable porque amas a alguien”.

Las composiciones son muy narrativas y personales: hablan -aunque no estrictamente- de su hermana fallecida en 2002 (en ‘i can’t believe you’re gone’), de su relación con la música (“hago la música que quiero”), de la industria musical (“mi amigo me enseñó sus oyentes mensuales”) o utilizan imágenes tan visuales como “entré en un Wawa en Filadelfia en el 2000” o la tierna rima: “estoy hecho de música de la costa este, estoy hecho de fantasmas del pasado / y he estado ido desde que tenía 15 años, desafiando a mi alma a estrellarse”, que dibujan una imagen de los recuerdos muy vívida.

Pero aunque las letras son visuales y detalladas, el músculo melódico no acompaña. Mientras piezas como ‘the van’ destacan por su vibra de Motown indie, ‘we should talk’ por su incursión en el disco-rock (con ese pasaje “compartimos un cerebro en 2012”, que es toda una alusión a Fun.), o ‘you and forever’ por su aire al Boss, ninguno de los temas resulta especialmente atractivo para los fans que encumbraron éxitos como ‘Rollercoaster’. Quizá no era la intención, pero el disco parece demasiado concentrado en captar una vibra y menos en comunicar de forma accesible.

Esto es evidente desde el principio con la melancólica apertura de ‘Sideways’, cargada con todo el estilo AOR, después explorado en la ochentera ‘dirty wedding dress’, pero sobre todo es evidente en lo indistinguibles que resultan unas canciones de otras. Con toda la obsesión por los discos cohesivos que domina la prensa musical, hay que celebrar que ‘everyone for ten minutes’ lo sea, pero aunque Antonoff ha firmado piezas muy diferenciadas junto a otros artistas, parece que su proyecto personal es más un pasatiempo.

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