Los conciertos de Primavera a la Ciutat dibujan un panorama tan apetecible como los del Fòrum. Apetecible y también inabarcable: aquí toca también escoger y dolerse de los solapes.
Mi ruta se inicia el lunes en Paral·lel 62, con Alasdair Roberts y Current 93, popes del neo-folk. Alasdair es un cantautor folk escocés de la vieja escuela británica, a la manera de Shirley Collins. Solo a la guitarra desnuda, alto y flaco, instalado en un rincón del escenario, sin apenas moverse, ofrece un concierto denso y pastoral. Como un juglar medieval, usa su voz fina, pero intensa y expresiva, para entonar canciones tradicionales, de las cuales no nos llega del todo la letra, pero si el sentimiento. Y para el final, nos regala dos canciones más animadas, como de taberna. Árido, pero hermoso.
El concierto de Current 93 se abre con proyecciones y música inquietantes que maneja una sola persona: ahora una casa de campo abandonada, ahora el extrarradio de una ciudad, acompañadas de música ambient. Poco a poco, las imágenes son más abstractas e inquietantes, la música más industrial. Llevamos unos buenos minutos así, la banda no sale, el público comienza a rebullirse. Media hora después, aparece una segunda persona y empieza a sonar… ¡’Rivers of Babylon’ de Boney M! Ahí ya nos miramos con incredulidad. ¿Seremos víctimas de una tomadura de pelo? Pues no: luego nos enteramos de que la primera parte es una película del artista visual Davide Pepe y que el que pinchó a Boney M era un miembro de Nurse with Wound, que acompaña a Current 93 en esta gira.

Porque tras estos 40 minutos de proyecciones, cuando salta al escenario David Tibet, líder de Current 93, el ambiente cambia. Acompañado de violín, piano, hasta gaita y sin batería, Tibet ofrece un gran recital, carismático y entregado a la narrativa inquietante, con su expresiva voz rasposa de duende maligno, que a veces se afina hasta darle una tesitura femenina. Ora se acercan al pop psicodélico de Love, ora a las murder balads. Es capaz de darle tono de fiesta al grito de “Death!” en ‘This Carnival Is Dead and Gone’. O que los pajaritos que se oyen en ‘Bright Dead Star’ acaben pareciendo inquietantes.
Current 93 nos quieren ofrecer algo primigenio, pero con un voluntad expansiva. Hay baladas pastorales inglesas chungas a base de flautas en ‘Mary Waits In Silence’ y también se acercan al techno duro si es menester. Hay calma tensa pero también momentos para el arrobamiento, como en el sentido ‘Imperium V’. Y como para reírse un poco de su propia trascendencia, de su imagen de gurú, Tibet va de lino blanco y lleva una camiseta de… ¡Minnie Mouse! Un recital trascendente, intenso y también tremendamente entretenido.
El martes hice vía a la 2 de Apolo. El plato fuerte eran Cardiacs, pero abrió la jornada una propuesta tan diferente a la de los británicos como Faten Kanaan. De la jordana hay muy poca información en internet: solo su música, paisajista, ambiental, en las plataformas. Recuerda a Suzanne Ciani, por lo aplicada que se la ve tras la mesa, manejando programaciones. Hay ambient y escapismo, bastante sombrío, demasiado ceremonioso, casi eclesiástico. El público está bastante atento, pero la propuesta no deja de ser ardua.
Pero aquí la gente está por Cardiacs. Hay una nutrida representación en la 2 de Apolo de británicos sesentones dándolo todo. Su líder Tim Smith falleció en 2020 y su hermano Jim Smith dirige ahora su particular barco de los locos: Una nutrida banda uniformada reparte sin descanso ni pausa rock animoso, psicodélico, que puede sonar como una mezcla imposible entre They Might Be Giants y Devo a ratos. O dedicarse al rock duro con saxos desquiciados. No ofrecen tregua en sus canciones concatenadas, muy pegadizas y, a la vez, muy poco obvias. Fiestón arriba y abajo del escenario.

El miércoles, entre el hype de Geese en Paral·lel 62 y la jornada de inauguración en el Fòrum, sorprende ver el Razzmatazz lleno hasta la bandera para ver a los escoceces Mogwai. Los asistentes somos, ehem, talluditos (40-50 años) y locales en su mayoría. ¿El concierto? Espectacular. Un ejemplo perfecto de comunión entre el grupo y el público. Un puro éxtasis colectivo de postrock, distorsión guitarrera, paisajes, calma y furia. El sonido en Razzmatazz es buenísimo.
Mogwai arrancan calmados y bucólicos con ‘Yes! I AM a Long Way from Home’ de ‘Young Team’, pero van cogiendo carrerilla. Sus distorsiones suenan curiosamente balsámicos. El público empieza a chistar a los que osen hablar. Aquí solo cuenta la música, las luces, y dejarse llevar. El desarrollo del concierto está siendo extrañamente emotivo, incluso ligero. ‘Haunted by a Freak’ suena hasta acogedora. Pero cuando llega ‘Mogwai Fear Satan’, se desarrolla un brutal momento de comunión. Todo está rojo. Nadie habla. Mogwai van bajando, van bajando, volumen y ritmo. Cada vez más calmo. Solo escuchas la respiración de los asistentes y el ruido de los vasos en la barra. Y entonces… ¡el ESTALLIDO! Todo el Razzmatazz ruge como una sola persona. Piel de gallina.
Para rebajar intensidad, ‘Fanzine Made of Flesh’, de su último disco nos hace bailar con su voz vocoderizada. De hecho, el tramo final del concierto es contundente, pero menos denso. ‘Lion Rumpus’ suena hasta a rock distorsionado convencional… hasta que hacen ver que marchan para REGRESAR con ‘My Father my King’: veinte minutazos de viaje hipnótico y ensordecedor, con la batería atronando especialmente. Como estar metida en una centrifugadora sónica. A la salida, un colega bromeaba que, tras esto, ya podía acabar el festival. Hombre, no. Pero va a costar encontrar un concierto tan intenso y extático como este de Mogwai…

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