05/06/2026

La filosofía griega “siga-siga”: ve la prisa como una falta de respeto, aumenta la longevidad y reduce el estrés

La filosofía griega del siglo XXI, clave de la longevidad y el bienestar

El pasado lunes aterricé en Madrid tras una semana recorriendo las Islas Griegas de la mano de Explora Journeys, la naviera de lujo que ha convertido el ‘Ocean State of Mind’ en toda una filosofía de viaje. Mi itinerario comenzó en Atenas, donde embarcamos rumbo al Egeo. Al día siguiente desperté en Mykonos como quien no quiere la cosa; al atardecer pusimos rumbo a Katápola, donde haríamos noche, desayunamos frente a las apacibles costas de Pylos y terminamos buceando en las aguas turquesas de Lefkada, con Skorpios como telón de fondo –la isla privada que perteneció al magnate Aristóteles Onassis y que fuera escenario de algunas de las bodas más legendarias del siglo XX, entre ellas la que celebró junto a Jacqueline Kennedy–.

De ese viaje, como suele ocurrir siempre que una se aventura a cruzar su frontera, me llevé muchas cosas. Y no me refiero (o, al menos, no solo) a un bronceado envidiable, ni a los muchos imanes que ahora decoran mi nevera, no. Hablo de una lección que todo viajero que se adentre en las impresionantes islas del Mar Jónico y preste atención al estilo de vida de sus habitantes atesorará; una filosofía que explica la forma de entender la vida de los griegos, y que se revela como el antídoto perfecto contra las prisas, el estrés y la obsesión por llegar siempre a todo, tan comunes en las grandes ciudades. Es también una de las claves de la asombrosa longevidad de sus habitantes –en Icaria, isla griega que presume de formar parte de las cinco ‘zonas azules’ del planeta, el 30% de sus habitantes superan los 90 años con una excelente salud–, y un enfoque de corte estoico y epicúreo sobre el control de las emociones, la aceptación del tiempo y la búsqueda de los placeres más simples.

‘Siga-siga’, la filosofía griega que invita a disfrutar del momento presente

Hablo de una expresión que allí se conoce como ‘siga-siga’ (σιγά-σιγά), y que podría traducirse literalmente al castellano como «despacio, despacio» o «poco a poco». Y es que en la cultura isleña griega, las prisas se perciben casi como una falta de respeto. Esta forma tan particular de entender el tiempo se asocia al concepto de kairos, un término que hace referencia al «momento oportuno», es decir, al tiempo vivido en el presente más que al tiempo medido por el reloj. En este contexto, lo verdaderamente importante es la conversación, la compañía y el placer de hacer las cosas sin urgencia; tratar de acelerar los ritmos o gestos tan cotidianos como mirar constantemente el reloj podrían interpretarse como una forma de restar importancia a la persona que tenemos delante. Disfrutar con calma del momento presente es la única prioridad.

Y aunque no siempre es fácil y el ritmo frenético del día a día en la ciudad seguramente diste mucho de la rutina de quien tenga la suerte de despertarse cada mañana frente a las costas de Katápola o Pylos, sí existen pequeños gestos que podemos integrar de forma sencilla para vivir un poco más despacio. María Cordón, psicóloga sanitaria, lo explica: “Nos hemos acostumbrado a vivir acompañados de estímulos constantes: mientras caminamos escuchamos un podcast, mientras cocinamos ponemos una serie, mientras esperamos contestamos mensajes, mientras hablamos con alguien pensamos en lo siguiente que tenemos que hacer… Estamos en demasiados sitios a la vez. El primer paso para cambiar esto es aplicar el minimalismo atencional y mental, el ‘siga-siga’”.

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