Si en el instituto las monarquías nos las hubiesen contado como hace César Andrés Baciero (Burgos, 1988), otro gallo cantaría. El periodista, conocido por sus contenidos royal de publicaciones como Vanity Fair (y por vincular como nadie moda y cultura folclórica en @reinacastiza), se acaba de estrenar en el mundo editorial con su primer libro, Reyes que vivieron como reyes. Monarquía y lujo (Esfera de los libros). En este debut que se estrena el próximo 17 de junio hace un retrato de algunos de los mayores excesos que se han visto en las cortes europeas a lo largo de los últimos siglos: “Amparados bajo la idea de que sus majestades eran el espejo en el que se debía ver reflejada la magnificencia de sus reinos, algunos reyes vivieron incluso como dios”, sostiene para Vogue España.
En una apuesta de lo más personalizada, abarca veintidós historias que van de la boda de Carlos V e Isabel de Portugal a los guantes perfumados de Catalina de Médici. Resumir tanto boato en poco más de 300 páginas resulta una tarea ardua, por eso la selección de personajes también es de lo más particular. ¿Por qué unos royals sí y otros no? Baciero se ampara en una mera cuestión logística: “Hay un alto peso de españoles, franceses e ingleses porque hay más cosas escritas y me ha resultado más fácil el acceso”, apunta. “Sin embargo, tengo que confesarte que si me hubiese quedado en los nacionales, me habría evitado muchos quebraderos de cabeza y traducir muchas cosas de idiomas como el ruso gaélico”, reconoce.
A pesar de que está pensado para un público general, el planteamiento del libro evita los clichés a toda costa. Por ejemplo, si pensamos en María Antonieta, la primera asociación con el exceso evocaría Le Petit Trianon. En su lugar, este periodista redirige a sus baños, de estilo aparentemente sencillo y cuajados con motivos de rosas y cisnes por todas partes. Lo mismo sucede con las joyas: sus páginas están repletas de “chuches”, como las suele llamar en su cuenta de Instagram, pero no las habituales. “Muchas veces las joyas privadas se han fundido y reutilizado los materiales para hacer otras piezas, por eso la mayoría de las que incluyo en el libro son ceremoniales”, explica. Desglosa piezas como el sitial de plata de Cristina I de Suecia o el cetro de Catalina II, aunque también deja espacio a otras como las esmeraldas de Eugenia de Montijo o el celebérrimo diamante el Estanque: “Junto con la perla Peregrina, no fue propiedad de la corona, sino de los reyes, hasta que Felipe IV lo dejó en herencia. Me empeñé en saber este dato, así que leí los testamentos de Felipe II, III, y IV”, apunta.

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