#3. Tercer paso: el color perfecto (o la ausencia de color)
Cada vez más, la pedicura se está moviendo hacia algo muy simple: uñas sanas, naturales y sin la necesidad de llevar esmalte. Lejos de ser una renuncia, se está empezando a entender como una forma de descanso para la uña, especialmente en verano, cuando los pies están más expuestos y el uso de sandalias es constante. La dermatóloga Ana Molina, en su cuenta de Instagram, lo resume así: “No hay nada más elegante que unas uñas sanas y cuidadas, no hace falta pintarlas para disfrazarlas. ¿Por qué se asume que en verano hay que llevar las uñas pintadas para llevar sandalias?”.
Desde la práctica profesional, Judith García, coincide en que el uso de esmalte no es obligatorio ni necesario de forma continua, y que dejar periodos sin color puede formar parte de una rutina saludable, siempre adaptada a cada tipo de uña. “Más que hablar de dejar respirar la uña, lo importante es observar su estado y ajustar los cuidados. En muchos casos, alternar etapas sin esmalte ayuda a mantenerlas más equilibradas e hidratadas”, explica.
En esa misma línea, insiste en que no se trata solo de lo estético, sino también de la salud de la uña en su conjunto, y añade que existen bases fortalecedoras y tratamientos reparadores que ayudan a reconstruir las capas superficiales de queratina de la uña natural, favoreciendo una recuperación progresiva. Eso sí, recuerda que el proceso no es inmediato: “La renovación completa de una uña puede tardar varios meses, por lo que los resultados no se ven de un día para otro”. Precisamente por eso, el descanso del esmalte, más que ser una pausa puntual, es una práctica consciente y sostenida en el tiempo.
#4. Atención a lo básico
Una de las ventajas de esta tendencia es que es mucho más fácil de mantener en el tiempo. Al no depender de un color visible, no hay el mismo ‘efecto crecimiento’ ni la necesidad constante de retoques. Aún así, el cuidado diario sigue siendo clave. García insiste en tres hábitos básicos: “hidratar uñas y cutículas a diario, evitar tiempos prolongados en remojo y secar bien los pies después de la playa o la piscina”. Además, añade que señales como descamación, pérdida de grosor o sensibilidad son indicadores de que conviene revisar la rutina.

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