No es casualidad. La diseñadora, que desde sus inicios ejerció de directora de arte de sus campañas, siempre ha confiado en la fotografía para contar lo que a ella le parecía importante sobre sus diseños. Porque Sybilla asume (y celebra) que la creación artística casi nunca tenga lugar de manera individual. “Cada foto era totalmente diferente a las anteriores”, recuerda la modista. “Y esa era la magia de Javier [Vallhonrat]. Yo le traía las prendas y le explicaba qué era lo que me parecía importante de cada una, aunque luego durante el proceso salían un montón de cosas… Era increíble lo bien que conseguía contar cada uno de los elementos que yo quería destacar: el tacón de un zapato, por ejemplo. Y todo eso en una época anterior a los retoques fotográficos. Javier hacía verdaderas piruetas”, ahonda.
Para la selección y disposición de las obras, Sybilla se fijó en su instinto. “Las que son en blanco y negro están expuestas en la planta de abajo porque me parece un lugar más íntimo. También allí colocamos las piezas más pequeñas. Reservé las piezas de color para la entrada porque por aquí entre la luz y parece que está iluminando las fotos”, señala la diseñadora, a las puertas de su galería Plaza del Gato, que puso en marcha junto a su marido, el arquitecto Andrés Serra. “Así se aprecian mucho más todos los detalles o la sutileza de color de Javier. O las fotos de Félix [Valiente], que son muy gráficas”.
En la galería, además de las fotografías, también se pueden apreciar objetos únicos, como el primer catálogo de la firma, un diseño en acordeón, autoría de Juan Gatti. “Este display me abrió bastantes puertas, porque en todos los sitios del mundo donde yo empezaba a vender estaban estas fotografías”, cuenta la diseñadora, que empezó a despuntar a comienzos de los años 80. Prueba de ello: su colaboración con Ouka Leele, con quien trabajó en las dos imágenes que formarían parte de la campaña “Moda España: hecha para vivir”, de 1985, realizadas para el Centro de Diseño y Moda del Ministerio de Industria.
Sybilla otoño-invierno 1983/84, por Miguel Oriola.


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