«Oh», responde, iluminándosele la cara, «todo va bien».
Relajado, sonriente y sin la menor prisa, conversa con una facilidad que transmite esa calma que solo se adquiere después de décadas entre bastidores, sabiendo que pase lo que pase, el desfile seguirá adelante. Podría pensarse que esa filosofía cambia cuando se trata de una colaboración tan reciente, ya que Philips y Anderson apenas empezaron a trabajar juntos el año pasado, después de que Anderson fuera nombrado único director creativo de Dior en junio. Pero no. La serenidad sigue intacta. Tanto que la primera conversación realmente importante entre ambos sobre los looks de belleza de la alta costura tuvo lugar apenas unos días antes del desfile, durante las pruebas de vestuario. E incluso entonces, reconoce Philips entre risas, «no había exactamente una historia, eran fragmentos.»
Esos fragmentos incluían referencias a los verdes, los acabados metalizados, la exuberancia del decorado y el delineado con cristales que Philips había creado para el desfile Crucero de Dior en Los Ángeles el pasado mes de mayo. Para muchos maquilladores, un punto de partida tan abierto habría provocado, como mínimo, un ligero pánico. Philips, en cambio, vio posibilidades.
Por pura casualidad, su próxima colección para Dior Beauty incluye una nueva paleta de sombras en tonos verdosos. La llevó directamente a las pruebas y empezó a probar sobre accesorios y tejidos en tonos verdes pavo real y suaves pasteles metalizados, hasta que los colores comenzaron a encontrar su sentido. A partir de ahí, desarrolló cinco propuestas distintas para enseñárselas a Anderson.
«Quería tener un punto de partida», explica. “Que él pudiera decir ‘increíble’ o ‘no, esto no’”. Cualquiera de las dos respuestas te indica hacia dónde avanzar.» El resultado no fue un único maquillaje, sino cinco. «Pensé que elegiría solo uno», dice riéndose.
Heikki Kaski for Christian Dior Parfums


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