Durante su grandioso show en Bilbao BBK Live, Robbie Williams se autodefine como un «narcisista», pero, ¿cómo no serlo? Las camisetas con su nombre imitando el logo de Oasis son vestidas por todo el recinto y su concierto es la cita más multitudinaria del festival, a falta de una jornada completa. Durante la primera mitad del espectáculo, el artista de Stoke-on-Trent se rinde a esta faceta de sí mismo -ególatra, chulito, listillo- pero al terminar el set lo único que hay en el escenario es un padre emocionado al lado de su hija. Nosotros, igual de conmovidos.
Williams se propuso entregar su particular «carta de amor al entretenimiento» durante su visita a Kobetamendi. Desde el principio con ‘Let Me Entertain You’, este demuestra ser una verdadera fuerza de la naturaleza. Su personalidad ‘bigger than life’ es el corazón del show y normalmente aparece a través del humor: «No he vuelto a los escenarios por la gloria o la fama, sino porque tengo cuatro hijos y necesito salir de casa», bromea. En otro momento, se pregunta si solo era «el bailarín gordo de Take That».
Pese a su adictiva vanidad, el set de Robbie contiene una sorprendente cantidad de versiones, llegando a sonar en la misma noche ‘Personal Jesus’, ‘Ain’t No Mountain High Enough’, ‘Hey Jude’ o ‘Theme From New York, New York’ de Frank Sinatra. Si bien la mayoría de estas llegan en la original presentación que Williams hace de la banda, aquí está la clave de por qué su show es un monumento al entretenimiento. Para cuando vuelven sus propios temas, como la divertidísima ‘Kids’ o ‘Come Undone’, estamos todos a su merced. Es en este momento cuando decide ablandarnos el corazón recreando su memorable interpretación de ‘My Way’ en el Royal Albert Hall, hace ya 25 años, que vuelve a dedicar a su padre. Nunca pensé que me emocionaría tanto viendo un concierto de Robbie Williams.
CMAT, por otro lado, no nos hizo estar a punto del llanto, pero sí consiguió la devoción absoluta. Probablemente, desde que pronunció una de sus primeras frases en nuestro idioma: «Mi español es terrible, pero mi culo es increíble», soltó la irlandesa. Esta se presentó en el escenario Repsol a las tantas de la madrugada, a la hora en la que solo hay DJs, para reventar las expectativas con un espectacular concierto de country rock. Su banda, conjuntada de rojo y comprometida a muerte con la tontería, brindó una energía comparable a la de AC/DC, si estos fuesen queer.
La artista hizo todo lo que cuenta nuestro compañero Fernando García en su crónica de Mad Cool y más, al no tener el gran incordio del calor abrasador en mitad de su espectáculo. Ella es divertidísima y está loca en el mejor sentido de la palabra, al pimplarse media cerveza de una sentada o estar constantemente lanzando patadas al aire, pero si despegas un momento la vista y te fijas en el resto de la banda, la cosa no decae: el teclista «tirándose» el instrumento, el guitarrista corriendo por el escenario a máxima velocidad, el bajista casi rompiendo los altavoces del escenario solo para presumir de botas… Maravillosos.
Por si fuera poco, en un momento dado Ciara Thompson pregunta al público si nos ha gustado el concierto de Robbie Williams y este comienza a cantar ‘Angels’ de forma improvisada. De repente, el mismísimo Williams irrumpe en el escenario llevando, de forma razonable, a CMAT a desplomarse en el suelo: «Podía parecer preparado, pero os aseguro que no lo estaba», juró la artista. La locura se desató con ‘Stay for Something’, en la que bajó a la pista para cantar, bailar e incluso abrazar a sus fans. Para lo breve que fue, quedará grabado en nuestra mente como uno de los conciertos más divertidos de BBK Live 2026.
La jornada no podía haber terminado más arriba después de un día que basculó entre lo bueno y lo mejor de forma constante. Los jovencísimos Westside Cowboy, ya curtidos de sobra en los escenarios después de telonear a Geese en su gira europea, seguro que ganaron decenas de fans con su descarnada ‘britainicana’; lo mismo pudo ocurrir con los emergentes 1111, que aparecieron en la colina de BBK Live como la sorpresa del día. Alabama Shakes afianzaron a los oyentes que ya tenían con su exquisito soul rock, pero quien quisiese una experiencia menos pureta podía acudir al concierto de Thee Sacred Souls, más conocidos en la generación TikTok.
Algo en lo que todo el mundo se pudo poner de acuerdo fue en el buen cuerpo que dejó el concierto de Belle and Sebastian, con un público dispuesto a dejarse envolver por el poder de una buena melodía y un Stuart Murdoch lleno de chistes. Este contó que solía jugar al fútbol con Robbie Williams y preguntó si nos quedaban «drogas». Este fue de lejos el artista más cercano de la jornada, como si fuera uno de nosotros: «Os las tomasteis todas ayer. No toméis drogas niños. Bueno, ya no sois niños. Ya sois mamás y papás», dijo de forma entrañable.
La banda de Glasgow dio un concierto prácticamente centrado en las favoritas de los fans, desde ‘Get Me Away From Here, I’m Dying’ hasta ‘Another Sunny Day’. Y para clásico, lo de llenar el escenario de gente con ‘The Boy With The Arab Strap’. Todos pensábamos que esto no iba a ser posible, después de todo lo que le había costado volver a subir al vocalista tras meterse en la pista. No podíamos estar más equivocados. Y no pudo ser más bonito.


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