¿Crees que hablar de estas cosas también está especialmente mal visto porque eres una mujer?
Alguna vez he tenido problemas con una editorial por mi tono (no la editorial en la que estoy ahora). Cuando le envié mi segundo libro a mi amigo, el novelista M. John Harrison, le dije “es horrible, pero incluso cuando hablo sobre objetos se me viene a la cabeza toda la violencia, el fascismo” y él me contestó “tienes que aceptar tu voz, exactamente como es”.
Y yo lo hice, pero creo que sí, que quizá la gente se siente un poco incómoda por las cosas que digo porque soy una mujer. Aunque no puedo evitarlo de ninguna manera porque soy una mujer. A veces también se me malinterpreta, tuve problemas con un ex agente literario porque pensaba que yo trataba deliberadamente de escandalizar a la gente, pero yo no sabía de que estaba hablando, tan solo estaba aplicando mi método de escritura.
¿Hay algo que te inspire para crear este método de escritura?
No tengo un plan. Es una forma de vivir en el mundo. Lo digo en serio. Esto podría sonar a pretencioso, pero me inspiran mucho los músicos de jazz. Así que escucho mucho a Miles Davis, o John Coltrane, y ese tipo de jazz es en el que la gente tan solo se expresa mediante la música. Eso es lo que intento hacer yo con las palabras.
En este libro los objetos tienen un papel muy importante. Siempre están ahí, casi como si estuvieran observándonos, como si fueran testigos de nuestras vidas, ¿te pasa lo mismo?
Bueno, no fue tanto como una filosofía de los objetos de la que tú hablas, aunque a raíz de escribir sobre los objetos empecé a reflexionar sobre la relación tan extraña que tenemos con ellos.
En realidad, todo empezó porque hace un tiempo, fui a un evento en Londres sobre literatura, en el que estaba hablando la autora Sheila Heti, a quien admiro mucho. Creo que Heti estaba contestando a las críticas masculinas sobre cómo las escritoras siempre terminan escribiendo autoficción, porque ella encontraba ese reduccionismo bastante insultante y una forma de hacer de menos a la escritura de las mujeres. Te lo cito un poco de memoria, pero dijo, “claro, es lo que las escritoras hacemos, miramos dentro de nosotras para escribir sobre el mundo, no podemos hacerlo mirando una tostadora”. Y entonces la idea de que se pudiera empezar un libro con una tostadora me empezó a obsesionar, y me dije “voy a probar esto”, quería saber si podía funcionar hablar del mundo mirando a una tostadora.
¿Así que fue casi como un reto?
Sí, fue una forma de experimentar con el lenguaje, bastante divertida podría decirse. Todo el mundo se piensa que tengo una tostadora, no tengo una tostadora. A veces me preguntan, bueno, ¿es un libro sobre unas memorias o una novela? Y nunca tengo ganas de decirlo porque siento que escribo lo que tengo en la cabeza.

Más historias
Las 5 sandalias de cuña que más se llevarán este verano 2026
Kate Middleton deslumbra de rojo en su segunda ronda en Wimbledon 2026
¿Thong? ¿Jelly? ¿Wedge? Las sandalias de Millie Bobby Brown condensan tres tendencias en una