24/07/2026

¿’Overpacking’ o maleta minimalista? El debate que divide a la redacción de Vogue a las puertas de las vacaciones de verano

Alberto Sisí, editor de cultura

Años y años de viajes de trabajo exprés han hecho que ya no me plantee el hacer una maleta con más de cuatro cosas, sobre todo en vacaciones. Tengo comprobado que llenarla de prendas por si acaso significa mover de aquí para allá ropa que jamás ve la luz del sol. ¿En verano? Bañadores, pantalones cortos y camisetas. Nunca nadie estuvo pendiente de cómo iban los demás vestidos en un chiringuito o en la barra de un bar al atardecer con arena hasta en los rincones más insospechados del cuerpo humano.

Alexandra Lores, editora de moda y belleza

Uno de mis objetivos vitales es dedicarle el menor tiempo posible a las cosas que me desagradan. Y hacer la maleta es una de esas cosas, así que intento meter cuatro trapos y que pese poco. No quiero pensar, no quiero cargar. A veces sale bien y muchas otras no, pero prefiero pagar el precio. El precio de estar fuera de lugar en lugares en los que mejor no estarlo por no llevar la ropa o el calzado adecuado; por meter unas medias rotas y no ser capaz de darle el toque kinderwhore que pensé que le podría dar al estilismo. O el de pasar verdadero frío cada vez que voy a Galicia y que mi madre me diga: “¡Esto no es Madrid, aquí refresca!” Y tiene razón, aunque quizá no por mucho tiempo. Por no hablar de que me dejo en el armario todos los looks en los que me he gastado el sueldo y acabo eligiendo los dos peores vestidos del armario. No sé, viajar ya es demasiado desagradable para mí como para añadirle otro extra: el de pensar de manera estratégica, pues es el skill que se requiere al hacer una maleta. Esa es mi excusa, supongo.

Laura Solla, editora de belleza de Vogue

Este agosto me voy 15 días a Brasil. En Río de Janeiro, mi primera parada, planeo hacer paddle surf en Copacabana, bailar samba en Pan de Azúcar y demás checks de turista promedio. En Paraty reservaré un tour en jeep por la selva tropical y, en Ilha Grande, pienso pasarme los días tirada en la playa, con pareos monísimos y una caipirinha en la mano. Ah, y por supuesto, documentaré absolutamente todo en mi Instagram con un millón de fotos, y otros tantos looks distintos. Cuento todo esto para que tenga todavía más mérito el hecho de que, pese a semejante agenda, llevaré solo una mochila de viaje que compré en una gasolinera random hace como cinco años (y como digna editora de belleza, la mitad la ocupará mi neceser –no veo la necesidad de renunciar al lápiz de cejas ni en la playa más desierta, sorry–). En resumen: me da absolutamente igual pasarme 15 días en taparrabos con tal de no perder de vista mi sérum de vitamina C, y optimizo el espacio de maravilla. De hecho, hasta dejaré hueco para los siete pares de Havaianas y la micro camiseta de Brasil que 100% compraré. Creo que no te dejan salir del país sin ellas.

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