El sábado 25 de julio, Emma Roberts se casó con el actor Cody John en una residencia privada de Idaho. Y justo una semana antes, Vogue acompañó a Emma a la última prueba de su vestido de novia a medida de Monique Lhuillier –y del vestido de la fiesta posterior, elegido de entre el fondo de archivo de la marca–.
Fue una auténtica reunión familiar en el salón nupcial de Monique Lhuillier en Los Ángeles. Junto a la propia diseñadora, Emma estuvo acompañada por sus estilistas —y damas de honor—, las hermanas Brit y Kara Elkin, que la ayudaron a lo largo del proceso de creación de su vestuario nupcial. También la acompañaron su madre, Kelly Cunningham; su hermana, Grace Nickels; sus primas, Charlotte Long y Daphne Merrymen; y sus amigas Ally Gasparian y Lily Kershaw, todas presentes para el gran momento de la revelación.
Photo: Adrian Doza
Emma llegó al salón con un conjunto nupcial blanco de Anna October, combinado con un cárdigan de Fanci Club y un bolso de Self-Portrait como su algo azul.
La novia no tardó en comentar que le había encantado trabajar con Lhuillier y sus estilistas para crear un vestido desde cero. “En realidad no sabía muy bien lo que quería”, explicó Emma sobre el proceso de diseño. “Solo sabía que quería que tuviera un aire muy vintage. Me apasionan los libros antiguos y la búsqueda de tesoros, y me encanta coleccionar objetos antiguos, así que quería que todo eso se reflejara en el vestido”. El color del vestido fue un factor importante para la novia, ya que no quería llevar un tono blanco puro al pasar por el altar. En su lugar, colaboró con Lhuillier para crear un color de tela a medida que diera un efecto de ‘mancha de té’. “En cierto modo, quería parecer un fantasma, una pequeña muñeca fantasma antigua”, bromeó.


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