Quizá la lluvia de estrellas más famosa del año son las Perseidas. Se pueden ver alrededor del 12 de agosto y en su momento de máxima intensidad rondan los 60 o 70 fogonazos por minuto. La causa de esta lluvia, como la de casi todas las demás, se encuentra en la cola de un cometa, el Swift-Tuttle, descubierto en 1862 los astrónomos Swift y Tuttle. Este cometa tiene 27 kilómetros de diámetro y es el mayor de los que pasan cerca de nuestro planeta.
Las Perseidas y las Gemínidas, que se pueden ver en diciembre, son las lluvias más abundantes del año, pero hay otras que también son interesantes. En julio llegan las Alfa Capricórnidas, que producen muy pocos meteoros, pero que son especialmente brillantes, las Oriónidas, en octubre, que son hijas del famoso cometa Haley, o las Leónidas, en noviembre, que se intensificarán cuando el cometa que las produce nos visite en 2030.
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