
Ya sé que el egoísmo y la brutalidad forman parte histórica de la condición humana. Si empezamos por Caín, podemos acabar a través de los siglos en Donald Trump y en todos los que quieren imponer la ley del más fuerte y el sálvese quien pueda. Pero también es verdad que el ser humano ha dado ejemplos de hermandad y compasión. Junto a las llamas de la Santa Inquisición, vivieron santos que identificaban su creencia en Dios con la necesidad de dar de comer al hambriento. Junto a los partidarios del terror y la guillotina sin escrúpulos, hubo gente dispuesta a creer en palabras como libertad, igualdad y fraternidad. Cuando uno se mira al espejo con atención, puede descubrir en el brillo de los ojos un verdugo o un defensor, un déspota o un enemigo de la esclavitud. Por eso hay que tener tanto cuidado con uno mismo, escoger bien los zapatos con los que vamos a bailar la música de las fiestas.

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