7 costumbres para que nuestra mente vea lo positivo en lo cotidiano
Valorar lo pequeño, lo cotidiano, lo rutinario, es otra manera de cuidar la salud mental. El problema es que no siempre sabemos apreciar las pequeñas cosas del día a día porque vivimos en piloto automático y totalmente desconectados. “Dar valor a los gestos pequeños activa mecanismos cerebrales que están relacionados con el bienestar, liberando dopamina y serotonina”, nos explica la psicóloga Miren Eguiara Arrázola, terapeuta de Instituto Psicológico Cláritas. La buena noticia es que podemos entrenar nuestra mente para ver lo positivo en lo cotidiano. “Valorar lo pequeño es un hábito que se puede cultivar. Precisamente el optimismo se construye con la capacidad de reconocer lo pequeño para que el cerebro pueda detectar señales de posibilidad y no de amenaza”, añade. Hablamos con Eguiara y otras psicólogas sobre las costumbres que nos pueden ayudar a entrenar al cerebro a detectar placer en lo cotidiano.
#1. Hacer pausas pequeñas conscientes durante el día
Vivimos a doble velocidad y para poder valorar la alegría de las pequeñas cosas es necesario bajar el ritmo. Como no es fácil lograrlo, la experta de Instituto Psicológico Cláritas recomienda hacer pausas conscientes durante el día. Basta con prestar atención al sabor del café (en lugar de tomártelo haciendo mil cosas, para y saboréalo o disfruta de su olor mientras se hace) o pararse y escuchar la risa de alguien a quien quieres. O simplemente valorar el hecho de que has conseguido lo que te propusiste hoy. “Son instantes diminutos, pero cargados de significado si decides mirarlos con atención”, añade la psicóloga Eugenia Ponte, directora de Génesiis.
#2. El ejercicio de escritura que fortalece redes neurales
Tal y como apunta Ponte, ponerle nombre a esas pequeñas cosas ayuda a valorarlas “y a entrenar tu mente a reconocer la belleza en lo cotidiano”. Por eso tanto Ponte como Eguiara aconsejan hacer este ejercicio: anotar tres cosas buenas al final del día para fortalecer las redes neuronales asociadas a lo positivo.
#3. Crear rituales del cierre al final del día
“Se trata de hacer un gesto simbólico como meditar unos minutos, encender una vela, escuchar una canción que nos guste”, explica la experta de Instituto Psicológico Cláritas. Brenda de la Peña, CEO de la plataforma de salud integral Combrension, habla de microexperiencias que consolidan lo positivo y reeducan la mente para percibirlo con más facilidad.
# 4. La importancia de un entorno positivo
Cada vez se habla más de las personas tóxicas y de cómo influyen en nuestra longevidad y bienestar. A la hora de ayudar a nuestra mente a valorar lo pequeño, tal y como confirma Miren Eguiara, “el entorno influye en cómo vemos la realidad. Si nos rodeamos de personas que resaltan lo malo, nuestro sesgo se refuerza. Es importante estar en entornos donde se valore el apoyo, haya buenas palabras y gestos, para ayudarnos a internalizar patrones más equilibrados”.
#5. Recordar logros pasados
Todo esto va de entrenar el optimismo y, según Ponte, todo empieza con cambiar el enfoque y dirigir la atención de forma deliberada hacia lo que sí funciona, lo que sí tenemos y lo que sí podemos hacer. Por eso, cuando surgen dudas, es especialmente importante recordar logros pasados y repasar lo que sí salió bien. “No se trata de negar lo difícil sino de equilibrar la balanza mental que suele inclinarse hacia lo negativo», señala la psicóloga.
#6. Autovalidarte tras un pequeño logro
No se trata solo de celebrar los grandes hitos, sino dar valor a los pequeños logros –afrontar una conversación difícil, por ejemplo– con pequeñas autovalidaciones y celebraciones internas. Puedes compartirlo con alguien al que quieres o, como señala Brenda de la Peña, regalarte una experiencia de validación emocional tras conseguir un pequeño objetivo.
#7. Cambiar patrones de pensamiento
Tendemos a recordar lo negativo por una cuestión de supervivencia (evolutivamente, estar en alerta y recordar lo malo nos ha permitido sobrevivir). Pero es posible ir venciendo ese sesgo de negatividad cambiando ciertos patrones de pensamiento, “detectando los más catastróficos y cambiándolos por unos más realistas. Esta mirada se entrena identificando esos patrones mentales que tenemos automatizados (por ejemplo: ‘Todo me sale mal’) y reemplazándolos por interpretaciones más constructivas (‘Hoy no me ha salido, pero no siempre es así’), explica Eguiara.

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