Seguramente, quienes hayan alquilado un coche para descubrir los tesoros ocultos de Sicilia, te dirán que el transporte privado es imprescindible. Y, aunque siempre te permite llegar a lugares recónditos, la realidad es que puedes recorrer la isla de norte a sur demostrando que viajar sin coche es posible (y, muchas veces, una delicia).
Milán, Verona, Venecia. La ruta de Eva Blanco, editora de cultura de Vogue.
Ahora tenemos un hijo y una hipoteca a 30 años, pero en el otoño de 2009, mi pareja y yo ni siquiera habíamos celebrado nuestro primer aniversario y nos enfrentábamos a nuestro primer viaje internacional juntos. La idea era volar a Milán y, desde ahí, alquilar un coche para ir, primero a Verona y, después, a Venecia. Pasábamos una noche en Milán y, si no recuerdo mal, dos en el resto de ciudades.
© Marco Bottigelli
La sorpresa fue que, cuando llegamos a recoger el vehículo que habíamos reservado, habíamos olvidado tener en cuenta un ‘pequeño’ detalle: además del importe a abonar por el alquiler del coche en sí, teníamos que hacer un prepago –que luego nos devolverían– a modo de fianza. El importe ascendía bastante más de lo esperado y, sencillamente, no disponíamos de ese dinero. Así que nada, nos fuimos de allí abatidos, desubicados, algo nerviosos y sin saber cómo íbamos a llegar a la habitación que nos esperaba en Verona para esa misma noche. Afortunadamente, al volver al hotel a recoger las maletas, nos dieron la mejor de todas las soluciones: ¡el tren! Llegamos a la estación, compramos allí mismo los billetes en una ventanilla (¡qué tiempos!) y, además, nos salieron tirados de precio.


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