Menos contracturas musculares y más claridad mental: el hábito para conseguirlo
Soy consciente de que no respiro bien. Diría, parafraseando al doctor Olivier Courtin-Clarins que casi nadie lo hace bien (en su libro Guess my age, if you can, afirma que el 90% de nosotros no respira correctamente). También conozco las consecuencias que tiene no hacerlo (cansancio, estrés…). Pero no sabía que mi cuerpo podía delatar de una manera tan clara mis malas praxis a la hora de respirar. Me explico: durante un masaje ayurvédico en el nuevo centro Amuna Vitality Clinic, la terapeuta supo con claridad cuál era una de las causas de mis contracturas cervicales en la zona del cuello y en la parte alta de la espalda: haber interiorizado una respiración incorrecta e incompleta en la que nunca termino de exhalar bien el aire. “Respiramos desde arriba sin profundizar y por eso se tensa el cuello”, me decía antes de adivinar que el overthinking es mi forma de mi vida y que mi cuerpo tensionado y agarrotado delataba ese sobrepensamiento constante.
Belén Fernández, osteópata y fisioterapeuta especializada en regulación del sistema nervioso autónomo de este centro, nos amplía esta idea: “Muchas personas inhalan pero no termina no terminan de soltar el aire. Al exhalar completamente, el cuerpo libera tensión acumulada”, explica. Y resume los beneficios de una respiración correcta: “Es una herramienta de rejuvenecimiento y equilibrio energético: nos ayuda a liberar toxinas y a restaurar vitalidad”, añade.
Cómo respirar mejor durante el día
Aunque parece que la solución es exhalar, para poder empezar a hacerlo de forma automática e inconsciente (al fin y al cabo respiramos entre 8 y 16 veces al minuto), la experta aconseja tomar conciencia y observar cómo lo hacemos: “¿Es una respiración corta, que se queda en el pecho? ¿O profunda, que llega hasta el abdomen? Solo con darnos cuenta, ya empezamos a modificarla”, sentencia. Y comparte algunas prácticas sencillas que podemos hacer a lo largo del día:
- Pausas conscientes: varias veces al día, detenerse un minuto y tomar tres respiraciones profundas, inhalando por la nariz y exhalando lentamente por la boca.
- Respiración abdominal: colocar una mano sobre el abdomen y otra sobre el pecho; al inhalar, sentir cómo se expande el abdomen antes que el pecho.
- Exhalar completo: al exhalar completamente, el cuerpo libera tensión acumulada.
- Revisar la postura: mantener el pecho abierto y los hombros relajados mejora automáticamente la capacidad respiratoria.

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