Tacones con calcetas, o cómo la transgresión es la nueva norma
La moda actual y, concretamente, las tendencias de otoño-invierno 2025-2026, viven un momento en el que la transgresión ha dejado de ser marginal para convertirse en uno de los valores centrales. Llevar tacones con calzas o calcetas, una combinación históricamente impensable por la forma en la que rompe con los códigos de elegancia y feminidad tradicionales, encarna la lógica del “todo vale” que rige la cultura visual actual. Esta tendencia no solo subvierte las convenciones del buen gusto, sino que las reconfigura: lo inadecuado, lo incorrecto o lo casual se resignifica como sofisticado. Así, el gesto de unir lo doméstico o infantil como las calcetas con lo aspiracional y lo elegante en forma de zapato de tacón materializa en forma de truco de estilismo a una sociedad que busca en la disonancia una nueva forma de autenticidad.
Las jerarquías estéticas tradicionales entre lo alto y lo bajo se diluyen en un terreno en el que lo masculino y lo femenino convergen para propiciar combinaciones como esta que pone en evidencia su colapso. Las calcetas o calcetines están generalmente asociados a la comodidad y al confort, a un ambiente más cercano al hogar y al athleisure y a otros ámbitos como el imaginario escolar y esta nueva inclinación los enfrenta a los tacones, tradicionalmente un símbolo de poder, sexualidad y presencia social. Juntos generan una tensión que es puro avant-garde: una moda que ya no busca cohesión, sino contraste, la misma lógica que rige nuestras vidas digitales en las que las identidades múltiples y las mezclas sin jerarquía son el pan nuestro de cada día. Todos nadamos a la deriva cuando hacemos scroll en un mismo mar infinito de contenido. En definitiva, son fragmentos que coexisten sin necesidad de armonía y que, sin querer, dan lugar a esa consonancia.
Llevar tacones con calcetas no es solo una cuestión de estilo, sino un acto de apropiación simbólica. La ironía posmoderna, tan presente en la estética de redes sociales, permite transformar un error de vestuario en un statement consciente. En este contexto, la moda se vuelve un espacio de juego donde el “mal gusto” –véase como una forma de referirse a la ruptura con lo que se considera lo correcto– se reinterpreta como inteligencia estética. La tendencia habla de un público que domina los códigos culturales lo suficiente como para subvertirlos deliberadamente, un público que se ríe de la autoridad del canon y encuentra placer en la contradicción.
La ironía posmoderna encuentra en la pasarela su espacio de expresión más elocuente. Firmas como Miu Miu han hecho de este gesto un lenguaje propio: tomar lo banal, lo kitsch o lo doméstico y elevarlo a categoría de alta moda –una pregunta trampa y un guiño a la temporada que viene: ¿estamos ante el regreso de los vestidos de estar en casa?–. Cuando Miuccia Prada combina calcetas gruesas con stilettos o sandalias en sus colecciones, no solo desafía al “buen gusto”, sino que construye un discurso crítico sobre el artificio del lujo. En su propuesta para este otoño 2025 combina calcetas, generalmente grises con sandalias de tacón de aguja, faldas de corte lápiz y abrigos cuyo diseño roza la elegancia extrema.
Miu Miu temporada otoño-invierno 2025-2026
Miu Miu temporada otoño-invierno 2025-2026
Del mismo modo, otros creativos como los equipos de Brunello Cucinelli, Ganni o Proenza Schouler reinterpretan la estética del error o del descuido como declaración estética: prendas que parecen mal combinadas son, en realidad, ejercicios de inteligencia visual. En todos estos casos, el uso de los tacones con calcetas se inscribe en una estrategia consciente donde el valor reside no tanto en la belleza tradicional, sino en la lectura cultural que el gesto propone. Brunello Cucinelli y Magda Butrym los combinaban con total looks, en blanco el primero abrazando su tradicional foco en el lujo silencioso y con un chándal gris la segunda casa. Ambos con unos salones de tacón sensato rompiendo con todo lo esperado.


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