El hábito danes para comprar mejor: la asociación tiempo-dinero
Si de lo que se trata es de hacerse la vida más fácil, la cultura minimalista y práctica de los daneses siempre es un buen referente. Incluso a la hora de aprender a comprar de manera sostenible y a mantener el orden en casa. Para muestra, un botón en forma de dato: los daneses se mudan una media de seis veces en su vida, tal y como cuenta Meik Wiking en su libro Hygge Home (Libros Cúpula). Claro, eso implica tener depuradas teorías y estrategias para decidir bien a la hora de comprar porque saben bien lo que implica después tener que envolver, empaquetar, transportar y volver a colocar en una casa nueva todas y cada una de esas cosas que compramos a lo largo de nuestra vida. “Finge que te estás mudando”, afirma el autor al respecto. Y aunque visualizar ese momento puede ser una buena herramienta para decidir mejor, el autor danés experto en hygge aconseja hacer este otro ejercicio: plantear el valor de lo que quieres comprar en términos de tiempo. De TU tiempo. Es decir, ¿cuántas horas de tu jornada laboral tienes que invertir para pagar eso que quieres comprar? Claro, previamente hay que calcular lo que cobras por una hora de trabajo para establecer esta analogía. Puede que para hacerte con ese vestido para una ocasión puntual o ese gadget para el pelo de última generación necesites trabajar más horas de las que pensabas. Como dice Henry David Thoreau: “El valor de cualquier cosa es la cantidad de vida que intercambias para ello, ya sea a corto o a largo plazo”.
Valor económico, bienestar y orden en casa
Últimamente me está ayudando hacer este pequeño análisis antes de comprarme cualquier capricho. En muchas ocasiones, damos por hecho que 30 euros no es una gran inversión, pero si trasladamos ese coste al tiempo que tenemos que invertir para pagarlo y lo ponemos en una balanza con el bienestar que nos puede reportar eso que queremos adquirir o el tiempo que lo vamos a usar, resulta más fácil decidir si nos merece la pena o no.
En mi caso me está ayudando a descifrar si realmente lo quiero o lo necesito (no siempre tiene que ir de la mano) o si es algo que terminaré arrinconando y no usando. Al hacer esta comparativa he comprobado que hay muchas cosas que, aunque pagarlas implicaba bastantes horas de mi trabajo, me ha merecido la pena invertir en ellas por lo que representan o porque me han hecho la vida más fácil en todos los sentidos (ya sea porque me ahorran tiempo o me hacen sentir muy bien). De la misma manera, también me ha ayudado con cosas asequibles: traducir su precio en el valor de mi tiempo (y en la felicidad que me aportan) me ha hecho salir de dudas rápidamente. ¿Vale la pena comprarme la enésima taza de café para volverla a sepultar entre otras tantas tazas en el armario de la cocina? Por muy bonita que sea (y su precio sea relativamente bajo) no me lleva a ninguna parte. De hecho, cuando he preguntado a la psicóloga Marta Calderero, directora de la plataforma Personalife.style, por este trabajo mental previo a una compra que me genera dudas, me ha dado su bendición. “Es una asociación muy buena”, apunta.
Otras dos recomendaciones más para comprar mejor
En este periplo hacia la compra sostenible que mayor bienestar me reporta, he incorporado otras dos recomendaciones más. Una muy hygge que cuenta Wiking en su libro –“Si algo entra en nuestro hogar, algo debe salir”, dice– y otra que me recomienda Marta Calderero en forma de ejercicio de visualización rápida, sobre todo para el caso de comprar ropa. “Se trata de pensar en ese momento si te ves con esa prenda puesta y en qué momentos de tu vida. Con este ejercicio de exposición imaginada conectas con tu estilo personal y te ayuda a saber si es una prenda que usarás realmente y te define. Si es así, seguro que le das un uso sostenible, porque querrás ponértela una y otra vez”, concluye.

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