01/07/2026

Taylor Swift no sería la primera en casarse en el Madison Square Garden

Stone y Silva, en realidad, ya habían seguido su propio calendario. En la primavera de 1974 había nacido su hijo, Sylvester Jr., y después de cancelar una ceremonia que tenían prevista en Hawái, decidieron que había llegado el momento de formalizar su relación. Cuando Vogue les preguntó por sus planes de boda, Stone respondió con la despreocupación que le caracterizaba: «Ahora tengo un hijo… y no quiero que mienta cuando diga ‘papá'». Silva, en cambio, ofrecía una explicación mucho más romántica: «Cuando estás tan enamorada como lo estamos Sly y yo, acabas haciendo cosas extremas y casándote».

Sly Stone y Kathy Silva el día de su boda

La pareja besándose tras darse el “sí, quiero”.

Photo: Getty Images

Por extravagante que pudiera parecer la idea, tenía cierta lógica. En 1974, Stone era una de las mayores estrellas de Estados Unidos. Con Sly and the Family Stone había revolucionado la música popular gracias a canciones como Dance to the Music, Family Affair o If You Want Me to Stay. Su legendaria actuación al amanecer en Woodstock ya formaba parte de la historia del rock, mientras que él mismo era tan reconocible por su estilo extravagante —con trajes de Nudie repletos de pedrería, diseños de Larry LeGaspi, botas de plataforma imposibles y sombreros tan llamativos como excesivos— como por un sonido que no dejaba de desafiar los límites de la música popular. Así que, cuando ya tenía reservado un concierto en el Madison Square Garden para el 5 de junio, decidió que aquella noche también sería el escenario de su boda. Como recordaría después en sus memorias: «Podía dar un concierto, cobrar por él y casarme al mismo tiempo».

Además, el Madison Square Garden llevaba mucho tiempo demostrando que era mucho más que un recinto deportivo. Allí se celebraban combates de boxeo y convenciones políticas; cada invierno se instalaba el circo y, apenas doce años antes, Marilyn Monroe había subido a su escenario para cantar su inolvidable versión de Happy Birthday al presidente John F. Kennedy. Era un lugar pensado para los grandes acontecimientos. Stone simplemente añadió unos votos matrimoniales a esa larga tradición de espectáculo.

Si alguien podía convertir el Madison Square Garden en una catedral, ese era Joe Eula. Ilustrador, figura imprescindible del mundo de la moda y auténtico creador multidisciplinar, ya había participado en la organización del histórico desfile de la Batalla de Versalles y afrontó la boda de Stone con la misma ambición teatral. «Tiene que estar pasando algo cada minuto», aseguró, según recogía The New Yorker, mientras diseñaba el desarrollo de la ceremonia.

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