El error que llevo años cometiendo en mi pelo
Yo, que presumía de saberlo casi todo en cuanto a cuidado capilar –no hay nada que me obsesione más últimamente que tener a mis 44 la melena de Rapunzel– descubrí por casualidad, gracias a un experto, que llevo años, muchos años, cometiendo un error de bulto que me aleja de mis deseos de tener una melena XL. Y el caso es que cuando te lo explican, si te atienes a las leyes de la física más básica, lo entiendes. Y hasta te preguntas cómo no habías caído antes. Hace tiempo que mi rutina de lavado de pelo no se limita al uso de champú y acondicionador. Siempre, antes de secar, recurro a un spray de desenredado y al uso en las puntas de algún producto que las hidrate y selle. Hasta aquí todo bien, superbien, requetebien. La mayoría de esas veces he aplicado un aceite. Seguimos más o menos bien. El problema es cuando se utiliza un producto oleoso y te entregas después al uso de las herramientas de calor en forma de secador, plancha o tenacilla. Ahí comienza el camino que me aleja de tener una melena sana sin puntas abiertas.
Tal y como me contó Alfonso Luque, peluquero experto de Hair Rituel by Sisley, en una conversación improvisada esperando para subir a un avión (me gusta hablar de pelo en cualquier situación cotidiana) “no es recomendable aplicar aceite en el cabello si posteriormente vamos a peinarlo con calor. Las herramientas de styling llegan a una temperatura de entre 180 y 230 grados y con cualquier producto oleoso se facilita y fomenta el propio deterioro del cabello. La textura oleosa es conductora del calor que, a través de las cutículas, penetra en el córtex, el corazón de nuestra fibra capilar, incrementando la rotura y quemado de la fibra”. La verdad es que la explicación tiene toda la lógica del mundo. Y sí, en mi cabeza, tras escuchar sus palabras, me imaginé la temperatura que adquiere el aceite con el que se fríen los alimentos y pensé en todas esas miles de veces que puse un aceite capilar y pase la plancha después o pulí con cepillo redondo y secador las puntas. Literalmente, todo este tiempo, las he frito.

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