Caroline Reboux y el cloché
La historia del cloché vuelve a ser la de mujeres diseñando para mujeres. Su popularización se atribuye a Caroline Reboux (1837-1927), una de las sombrereras más reputadas de principios de s. XX cuyo nombre es tan rotundo en el mundo de los sombreros como ahora lo puede ser el de Philip Treacy o Stephen Jones. Entre sus patronas contaba con Pauline de Metternich, mano derecha de Eugenia de Montijo, y por ende, de la propia emperatriz. Para Reboux todo empezó, contaba una necrológica suya de 1927, con su encuentro fortuito con la condesa de Pourtales, que necesitaba un sombrero urgentemente y todas las tiendas estaban cerradas. La diseñadora trabajó toda la noche y el esfuerzo mereció la pena, ya que se convirtió en modista de la corte (de Napoleón III). Su dirección más icónica fue el número 9 de Avenue Matignon (París), donde Marlene Dietrich compró varias boinas a medida en ocho colores diferentes (entre ellos, violeta y azul marino), que solía combinar con sus trajes sastre de pantalón. Reboux también fue responsable del sombrero de paja con tul (en azul Wallis) que lució Wallis Simpson el día de su boda con el duque de Windsor. Más allá, la diseñadora contribuyó a popularizar los sombreros con velo, y también los tipo pamela.
Desde sus comienzos, el estilo de la “reina de los sombreros” se caracterizó por una simplicidad estructurada y una ausencia de decoración. Prefería los drapeados de tejidos antes que los detalles recargados que triunfaron en la Belle Époque. Su minimalismo fue un revulsivo y, desde luego, el mejor acompañamiento para el look tan limpio y lineal que proponía la estética flapper. La fiebre por el cloché fue tal que en 1922 Reboux protestaba contra él. Dos años después, Vogue reflexionaba sobre el particular final de este accesorio: “¿Va a durar la temporada de la primavera, o las mujeres están por fin tan cansadas de él que pedirán algo diferente? Los sombrereros, uno tras otro, agitan sus cabezas. ”No pedimos nada mejor que suprimir de una vez por todas el cloché»; recogía la revista en su número de marzo. “Dudamos que sea posible […] Es universalmente favorecedor, convierte a una mujer sencilla en una encantadora, se adapta a la tendencia actual en peinados y lo más importante, completa perfectamente la silueta delgada, corta y andrógina de la moda actual”.

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