Paula González denuncia que vivimos en la economía de la distracción: “Todo compite por tu atención. Y si no la proteges, te la quitan”. Para recuperar la concentración propone diseñar entornos que no dependan de la fuerza de voluntad, sino de la estructura. “Por ejemplo: estudiar siempre en el mismo lugar, tener un ritual previo de inicio (como encender una vela o ponerse auriculares), y usar el móvil solo en descansos programados”. Según su propia experiencia, la atención no se entrena resistiendo distracciones, sino reduciéndolas. “Cuando el entorno está limpio de ruido, el cerebro entra antes en modo foco”, y como consejo extra sugiere que alternemos el estudio con algo de movimiento, como una caminata corta o alguna serie de ejercicios.
En este sentido, muchos opositores sienten culpa cuando descansan o desconectan, cuando en realidad es una técnica de estudio eficaz. “Durante el sueño y las pausas activas es cuando el cerebro consolida lo aprendido: los recuerdos se ‘sellan’, las conexiones neuronales se fortalecen y la atención se reinicia. Si no descansas, no memorizas, simplemente acumulas cansancio”, arguye la autora e insiste que el descanso también se entrena, se programa, se respeta y se disfruta sin culpa. “Un cerebro agotado no rinde, pero un cerebro equilibrado puede con todo”.
También habla de la tecnología, que si bien puede ser un distractor, también puede ser una herramienta que puede contribuir a mejorar el rendimiento: “Planificadores inteligentes, aplicaciones de repaso espaciado, vídeos explicativos o incluso inteligencia artificial para crear esquemas personalizados o nemotecnia, hay muchas cosas, pero hay que usarla con propósito, no como distracción”. Asegura que la clave es poner límites claros, como el móvil en modo avión al estudiar, notificaciones desactivadas y horarios concretos para revisar redes.
Motivación y autoconomiento como aliados
Uno de los principales problemas a los que se enfrentan los opositores es la pérdida de motivación, ya que al ser un proceso tan largo, suelen fluctuar tanto las emociones, como el enfoque. Para González, la motivación solo cambia de forma. Al principio es ilusión y después resistencia. “En los momentos en que los resultados tardan en llegar, debes dejar de medir el éxito por el examen y empezar a medirlo por los hábitos. Cada día que cumples tu plan, aunque sea a medio gas, ya estás ganando terreno”.

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