Ana y Pablo querían una celebración íntima, con sus familiares y amigos más cercanos. “No queríamos grandes plataformas ni grandes montajes, ni tampoco protocolos ni dress code”, explican. Y así fue.
Una verbena de otoño en el puerto de Aldán
La novia decidió encargarse ella misma de todos los detalles de la boda. “No tuvimos wedding planner. Diseñé toda la boda a lo largo del verano con con Sara, de @malditaverbena. Dos días antes bajamos desde A Coruña con una furgoneta con todo lo que habíamos estado haciendo ese verano, las flores, los elementos de @integra_iriacasteleiro…”, dice la novia.
Los novios se inspiraron en el concepto de la verbena: una fiesta cercana, sin normas, colorida, con buena música y buena comida. “Cuando empecé a diseñar la boda tuve claro que nuestra realidad entre dos mundos y entre dos ciudades tenía que estar presente. Nuestro entorno nunca había estado junto entre sí, y era una oportunidad de unir nuestros mundos y disfrutar de lo mejor de ambos. Me inspiró la relación entre las verbenas madrileñas y las romerías gallegas, ambas fiestas tradicionales que en el fondo no son tan diferentes”, comenta Ana. Para el catering contaron con Taberna Voltarei. La idea de los novios siempre fue hacer una boda tipo cóctel, desenfadada, natural y con buen producto
Aunque la boda se celebró en otoño, Ana no quería que los colores fuesen los típicos que se asocian a esta estación. “Aposté por el rojo de los barcos de Aldán, el amarillo del sol, el azul del mar y el verde del campo. Con esos cuatro colores fui eligiendo los hilos de las telas bordadas, las telas pintadas, la papelería, las velas de las diferentes mesas, las flores, las telas del altar debajo de la parra de uvas, los borlones, etc. Todo era muy colorido pero tenía un hilo conductor”, señala. La esencia de la decoración fueron los elementos decorativos vintage, la mayor parte de la abuela de la novia, que estuvo muy presente en todos los detalles de la celebración. “Seleccioné durante todo el verano elementos de plata, vajillas, elementos decorativos y sobre todo una enorme colección de sábanas antiguas que encontré y que fui lavando y planchando para luego armar las mesas. Mi tía de Francia también me dejó muchos elementos», confiesa.

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